Elizabeth Mendoza se limpiaba las lágrimas que escurrían por sus mejillas. Sus ojos, hinchados, resplandecían cuando los rayos del sol rebotaban en sus pestañas; al fondo, una bocina escupía ‘Señora, Señora’ de Denise De Kalafe y hacía que la polvareda bailara al ritmo de la canción. Reunidos todos los hijos, sobrinos, cuñadas y el padre de familia al lado de la tumba de María de Jesús, quien falleció hace cuatro años, Elizabeth derramaba un llanto silencioso, un llanto que compartía en complicidad con su mamá. Como ella, decenas de familia se dieron cita en el Panteón de Mezquitán, en Guadalajara, para celebrar el Día de las Madres en compañía familiar.La losa de María de Jesús presumía adornos florales, rehiletes y una pulcritud que la separaba del resto. Desde hace cuatro años toda la familia se reúne en este lugar para platicar, compartir alimentos y bebidas y escuchar las canciones favoritas de la madre de familia. El padre de Elizabeth acude todas las semanas a limpiar, a quitar el zacate y arreglar la tumba de su esposa, contó la joven.“Venimos a estar junto con mi mamá. Venimos a platicar con ella, todos sus hijos. Siempre estamos aquí toda la familia unidad. Colocamos flores, limpiamos, le rezamos y estar en unión familiar, que es lo que ella siempre quiso, con sus hijos. Estamos aquí compartiendo, conviviendo, platicando con ella, escuchando la música que a ella le gustaba”, expresó.También la visitan cada 15 días o cada mes y pasan hasta cuatro horas con ella. La familia busca una sombra donde refugiarse del inclemente sol y se sientan a escuchar las canciones que le recuerden a su madre. “Estamos todos aquí con mi mamá”, comentó Elizabeth mientras su voz disminuía ante lo que parecía ser el recuerdo que se dibujaba en sus ojos.Refugiadas en la sombra de un árbol frondoso, pero seco, Isis, junto a su tía Beatriz y su hermana Amiel, compartían unos instantes con su abuelita Adriana, su tía Pili y su bisabuela Carmen. Con adornos de rosas amarillas y un arreglo de flores rosadas, Isis relató que visitan el Panteón para limpiar la tumba y arreglar los alrededores, que se encuentran en malas condiciones. Además, acuden cada ocho días y en los días de cumpleaños de las matriarcas de la familia.“Venimos a pasar un rato con nuestras familiares por el Día de la Madre. Venimos a limpiar porque las instalaciones no están muy limpias y lo dejamos para que sea vea un poquito mejor. Venimos a traer unas flores y a pasar un rato con ellas, en familia”, compartió la joven.El calor arreciaba y la polvareda se levantaba de entre las tumbas con un tenue soplido del aire sucio que corría entre los callejones del Panteón. Pero las mujeres, sentadas al lado de la tumba, platicaban y sonreían ante el recuerdo de sus seres queridos.Por su parte, Francisco cortaba flores para colocarlas en la tumba de su madre, Tomasa Martínez, quien falleció hace 27 años. En compañía de sus hijos y su sobrina, relató que cada 10 de mayo y Día de Muertos visitan el Panteón para pasar un rato con la familia y su mamá. El terregal ensuciaba el viento y calentaba aún más el ambiente, pero la familia, sin sombra donde esconderse, adornaba la tumba de la matriarca con arreglos y limpiaba la losa, que se distinguía del resto a su alrededor.“Venimos a traerle flores, a rezarle, a limpiar la tumba. La visita es una tradición que se ha mantenido en mi familia, con mis hijos, todos los años. Siempre estamos aquí para pasar con mi mamá estas fechas importantes”, mencionó. El Sol rebotaba en la tumba de doña Tomasa.SV