Domingo, 12 de Julio 2020
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"Vida en Nueva York" (Parte IV)

Por: Carlos Enrigue

"Vida en Nueva York" (Parte IV)

El tío Bernardo tuvo que enfrentar la terrible realidad: estaba absolutamente solo en una ciudad desconocida y descubrió que sin dinero no podía vivir, salvo que usted considere vivir andar hurgando basureros y durmiendo en una banca de un parque y eso ciertamente no iba con el tío, quien decía que su cuerpecito estaba hecho para el confort y no para el sufrimiento, por lo que después de una profunda meditación resolvió ser recogedor de un espacio de fiestas infantiles, trabajo que desarrollaba vestido de payaso. Es sabido que a los pequeños monstruos en los festejos no les gusta comer sino destrozar la comida, la cual se queda intacta, sólo que revuelta, y con hambre, como estaba el tío, no importaba que estuviera un poco destrozada, resulta claro que más cornadas da el hambre y repartido en bolsas es suficiente para hacer tres comidas como Dios manda y hay que decir que los refrescos mezclados saben casi igual que como sabían cada uno independientemente. 

Para dormir consiguió una chamba de velador en un club de suicidas, donde también dormía un tipo que decía que él solamente hablaba con los muertos, por eso sólo hablaba con los socios que ya se habían suicidado, a los vivos ni los pelaba. Con las dos chambas, si se quiere mal pagadas, sobrevivió inicialmente.

Además era un tipo de lo más disparatero y cambiaba frecuentemente una palabra por otra, así una vez en su trabajo le pidieron que hiciera una limpieza concienzuda del piso del local donde trabajaba, lo hizo y se presentó ante su jefe a decirle que había dejado el piso relinchando de limpio, queriendo decir rechinando. Otra vez lo llevaron a ver un famoso puente atirantado de la isla, que a partir de ese día para él fue el puente agigantado. Así en una ocasión vio a un piquete de huelguistas y le comunicó a su compañera de trabajo que había visto a los trabajadores muy oriundos con sus plancartas. Eso provocaba que a veces no se entendiera ni solo.

Algunos meses después de haber llegado a la ciudad conoció a una guapa mujer llamada Shirley, originaria de Falfurrias Texas, aunque ella siempre afirmaba era oriunda de Manhattan. No tenía hijos ni estaba embarazada pero tenía un par de perros Irish Wolfhound, que por si no los conoce son una especie parecida a un caballo chico, no pony. Sus enojos los mostraba a señas porque era muda. Además se caracterizaba porque tenía unos ojos intensamente azules de mirada penetrante, lo que resaltaba porque además de ser muy intensa era bizca, sus ojos parecían foco de tren.
Como todo hombre que se precie de serlo, estaba sometido a los amorosos mandos de su amada esposa, que con ejemplar firmeza llevaba en casa la voz cantante. Ante ese hecho innegable al tío sólo le correspondía obedecer y callar. Con respecto a los mandos femeninos decía el tío con toda razón que si te casas con una muda te chinga a señas. 

@enrigue_zuloaga
 

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