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Lunes, 23 de Abril 2018
Ideas |

Una profunda zanja que habrá que salvar

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

Una profunda zanja que habrá que salvar

Una profunda zanja que habrá que salvar

¡Hay Dios Mío! No lo quisiéramos, pero el tiempo nunca se detiene, y mucho menos es tolerante con nuestras vidas. Un año más está llegando a su fin, en unos cuantos días estaremos celebrando llenos de júbilo la Navidad, y después el fin de este año 2017.  

En un abrir y cerrar de ojos, con mucha sutileza en algunos, y con mayor rigor para otros, el tiempo ha marcado una huella profunda y quizás lastimosa que deberemos aprender a sortear. Además que es una realidad forzosa, el comprobar que para muchos de nosotros, nuestras facultades físicas se van retirando para ya no regresar, situación que habremos de aprender a sortear, y que hipotéticamente —¿será?— se suplanta con la experiencia de los años.         

¡El tiempo de este 2017 se agota! Es por ello que intentar reflexionar sería lo más oportuno. Y es así que uno de los eternos e iterativos cuestionamientos que durante este complicadísimo año nos ha inquietado dentro del espectáculo taurino, es principalmente el que refiere a la pobrísima asistencia de aficionados y público en todas las plazas de nuestro México.  

Cada día se programan un número menor de festejos, pensando que con esta actitud podrán salvar sus mermadas economías, derivadas de su mediocre espectáculo

Las empresas se quejan —obviamente que sin ninguna razón, y sí, con mucha desfachatez— de este grande problema, y por tal motivo nos damos cuenta cómo cada día se programan un número menor de festejos, pensando que con esta actitud podrán salvar sus mermadas economías, derivadas de su mediocre e insignificante espectáculo.   
           
Pero de lo que jamás se ocupan —¿cómo van a admitirlo?— es que el problema que han causado, y están viviendo, es la consecuencia de sus deplorables y nefastas acciones, aunadas a lánguidas aptitudes mostradas, para neciamente continuar con la programación de su espectáculo vulgar, anodino y trivial, y no se crea que únicamente durante este agonizante año, sino que llevamos ya largas y tristes décadas.  

Equivocadamente en nuestro país, las empresas se han empeñado cínica y tozudamente en la ¡“formación”! —aunque lo más exacto es decir, en la “malformación”— de un público, y de igual forma algunos ¡“seudo-aficionados”! que asisten a los festejos (itos), sin conocer y mucho menos preocuparse por exigir —y es que nunca lo han visto— la presencia de “su majestad el toro bravo”, pensando que este espectáculo es solamente del torero. Dando como resultado la “malformación de ¿‘aficionados’? a la fiesta de los toreros”, y que nunca lograrán tristemente, convertirse en “aficionados al genuino Espectáculo Taurino”. ¡Vaya embuste más sombrío e insolente manipulado por las empresas! – ¡Qué desvergüenza mostrada!

¡Cascada abrumadora de errores!, los cuales han creado una profunda y turbia zanja a la que no se le ve el fondo, y es que mientras —continúen con sus patochadas—  NO esté presente el verdadero y único protagonista, y eje central del espectáculo, “su Majestad el Toro Bravo”, es caso perdido, e imposible para que nuestra fiesta recobre su verdad. Sería necesario invertir muchos años, prácticamente décadas —el mismo tiempo que ellos ha utilizado para destruirla— en las que se tendrán que programar tarde a tarde, y en todas las plazas de nuestro país, un espectáculo digno y verdadero, con auténticos toros; con bravura, casta y trapío —ÍNTEGROS— con legítima edad, es decir, cinqueños, que es el tiempo necesario que requiere nuestro toro para que pueda lograr su madurez total.  

Únicamente así  —¿“misión imposible”?—, con la continua y permanente presencia en los ruedos de toros con las características descritas, se lograría al paso de los años —muchos años— en primera instancia, la formación de verdaderos toreros, importantes y trascedentes, para después ir en la búsqueda de genuinas figuras, y finalmente —esto será lo más trascendente y vital— el rencuentro con los aficionados y público que gustosos llenarían los tendidos de las plazas —hoy prácticamente vacías— y que por fin se pudiera nuevamente disfrutar de este mágico y sublime Espectáculo, que es y siempre será gobernado y presidido por su Majestad El Toro Bravo.           

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