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Martes, 18 de Junio 2019
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Turismo académico y libertad de cátedra

Por: Diego Petersen

Turismo académico y libertad de cátedra

Turismo académico y libertad de cátedra

En mi primera novela, Los que habitan el abismo, uno de los personajes dice: “la academia nunca te sacará de pobre, pero te sacará de viaje” en referencia a las posibilidades de viajar que, a diferencia de otras profesiones, tiene el trabajo académico. Dentro de los académicos hay también claridad de quién viaja a trabajar y quién hace lo que se llama “turismo académico”, esto es acudir a congresos no por la importancia que tiene cierta reunión para la generación de conocimiento específico sino por el destino.

En la academia mexicana hay de todo: pocos excelentes, muchos buenos y otro tanto entre malos y pésimos que no cumplen con el mínimo y sobre todo que no son capaces de dar resultados para lo que se les paga: generar conocimiento. Algunos de ellos, como en todas las áreas del Gobierno, son verdaderos aviadores, pero como van por la vida de académicos no consideran que cobrar y no producir conocimiento es una forma de corrupción.

Siendo todo esto cierto, la forma en que el Gobierno federal está cortando recursos y controlando los centros de investigación comienza a ser ya una amenaza a la libertad de cátedra. Que la Presidencia controle los viajes al extranjero de los académicos no solo es un absurdo administrativo (necesitamos un Presidente que tome decisiones, no un contralor cuenta chiles) sino una amenaza a la libertad de cátedra. La decisión de a qué congresos asistir, qué temas abordar y con quién reunirse para realizar el trabajo académico solo puede y debe tomarlo el propio investigador. Si a la postre no hay resultados y en una evaluación entre pares se decide que el trabajo no es de nivel (tal como funciona hoy el Sistema Nacional de Investigadores) entonces debe quitársele recursos, que son públicos y por lo mismo de obligada rendición de cuentas, a dicho investigador.

La decisión de a qué congresos asistir, qué temas abordar y con quién reunirse para realizar el trabajo académico solo puede y debe tomarlo el propio investigador

En la libertad de cátedra como en la libertad de prensa siempre será mejor el exceso que el control. Tenemos los mexicanos, del Presidente para abajo, todo el derecho de exigir que el dinero que destinamos a Ciencia y Tecnología y a investigación en universidades públicas genere conocimiento que ayude a transformar la realidad y a formar nuevos cuadros. Pero caer en la tentación de controlar por la vía administrativa la generación de conocimiento nos puede llevar a derroteros no deseados.

Sí a la rendición de cuentas y al freno al turismo académico, pero anteponiendo ante todo la libertad de cátedra y de pensamiento. Nada tiene que hacer el Presidente decidiendo viajes.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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