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Lunes, 21 de Octubre 2019
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Tarde de un toro, dos grandes faenas y una soberbia estocada

Por: Patricio Fernández Cortina

Tarde de un toro, dos grandes faenas y una soberbia estocada

Tarde de un toro, dos grandes faenas y una soberbia estocada

Quinta corrida de la temporada en la Plaza de Toros Nuevo Progreso, con una entrada de tres cuartos de plaza, y un cartel conformado por el francés Sebastián Castella, el español Ginés Marín y el hidrocálido Luis David Adame.

Se lidiaron seis toros de la ganadería Villa Carmela, afincada en Lagos de Moreno, Jalisco, y propiedad de la familia Arena. La ganadería fue fundada en 1940, y con el tiempo su sangre fue consolidándose con vacas y sementales de San Miguel de Mimiahuápam y Javier Garfias, esto es del encaste San Mateo.

Sebastián Castella no tuvo la mejor de las suertes al matar a su segundo de la tarde. EL INFORMADOR / G. Gallo

La tarde comenzó con una breve ceremonia en la que fue develado el nuevo reloj de la plaza de toros. Un magnífico reloj empotrado en una base de material en forma de campana. Al caer la tarde el reloj se iluminó, recordándonos que toda obra hermosa es inmensa alegría, como dijo el gran poeta Keats.

Sebastián Castella lidió a su primer toro, un ejemplar manso y débil de manos, al que resultó imposible torear. Pero el segundo toro, cárdeno bragado y bien puesto, salió a galope hasta el burladero de matadores, en busca de pelea. Embestía con ritmo y cadencia en las verónicas. Fue con fuerza al caballo.

El matador hizo un quite por chicuelinas, rematado con revolera, que fue coreado con sentidos olés de un público emocionado. Luego, se paró en los medios y citó al toro que se arrancó desde las tablas pasando embravecido junto al torero, y le hizo el péndulo. Surgió la música. Toreó a placer con la muleta, con derechazos y naturales. El toro seguía el engaño con codicia, provocando la emoción de un público que aplaudía cada pase. Sin embargo, en la suerte suprema erró el matador y perdió la oreja. Recibió una ovación y el toro mereció el arrastre lento en reconocimiento a su casta brava. Enhorabuena al ganadero y al gran torero.

Ginés Marín tuvo una buena faena con su primero de la tarde, pero no cortó oreja. EL INFORMADOR / G. Gallo

Ginés Marín se enfrentó en primer término a un toro cárdeno oscuro, que se arrancó de largo y con fuerza al caballo, y que le permitió lucirse en verónicas rematadas con una media muy aplaudida. Ginés estudiaba al toro durante el tercio de banderillas, tal como decía Belmonte que durante ese tercio el torero definía la faena que haría con la muleta. Y así fue, Ginés entendió que el toro iría mejor por el lado derecho, e inició la faena con un trincherazo para pegarle luego dos tandas de derechazos que emocionaron. La música comenzó. Culminó con tanda de bernardinas, trasmitiendo el miedo a los tendidos, como debe ser. Al tirarse a matar pinchó y tuvo que descabellar, pero recibió una ovación.

Su segundo toro no tuvo condiciones y la lidia pasó desapercibida.

Luis David Adame se llevó la única oreja de la tarde gracias a una limpia estocada. EL INFORMADOR / G. Gallo

Luis David Adame inició con un toro que peleó al caballo con fuerza, pero en la faena de la muleta dejó de embestir, arrastraba las patas y se tiraba sobre la arena. Así no era posible torear, y a pesar de ello Luis David se excedía en el intento de sacar pases en donde no los habría. Mató con bajonazo y el toro fue pitado en el arrastre. Al segundo toro no le pudo cuajar faena, pero clavó el estoque con tal perfección y oficio, que recibió merecidamente una oreja por petición del público.

Tarde de contrastes, de dos faenas vibrantes de Castella y Ginés Marín, que quedarán para el recuerdo aún y cuando la oreja no la cortaron ellos, que mejor torearon, sino el que mejor mató. Así es la fiesta de los toros, afortunadamente.

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