Martes, 24 de Mayo 2022

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«También cuidamos a los criminales»

Por: Jonathan Lomelí

«También cuidamos a los criminales»

«También cuidamos a los criminales»

El catálogo de atrocidades y desplantes inéditos de las bandas criminales en el país tuvo un nuevo episodio. No podía ser otro lugar: Nueva Italia, Michoacán, territorio comanche dominado por el crimen desde el sexenio pasado. 

En un video, cuatro patrullas del Ejército huyen de un convoy de al menos siete camionetas abordadas por civiles armados. El videógrafo amateur, uno de los hampones que realiza la persecución, desborda la adrenalina del sádico que huele el miedo: «¡Tírenle, putos, tírenle, tírenle!», grita. 

El episodio ilustra la pérdida del territorio por parte del Ejército en medio de una disputa criminal entre el Cártel Nueva Generación y Cárteles Unidos. Despierta asimismo asombro y temor. 

Pero también funciona como una dolorosa metáfora: en menos de un minuto, un video ilustra cómo el Estado renunció al monopolio de la fuerza, una potestad establecida en el contrato social para protegernos. Sin esa garantía, se cimbra el pacto que nos une como sociedad. 

¿Para qué suscribir un acuerdo con un Estado débil e incapaz de garantizar el control de su territorio? Esa es la verdadera dimensión trágica de lo que ocurre en Michoacán y que, como un cáncer, se manifiesta con los primeros síntomas en otras regiones como el Sur de Jalisco. 

Por eso la respuesta del Presidente Andrés Manuel López Obrador es quizá una de las más desafortunadas de entre las muchas que ha vertido en sus más de 800 mañaneras: «Eso cambió porque cuidamos a los elementos de las Fuerzas Armadas, de la Defensa, de la Guardia Nacional, pero también cuidamos a los integrantes de las bandas, son seres humanos. Esta es una política distinta». 

A primera vista, la postura del Presidente podría resultar «conmovedoramente humana» si se tratara del argumento de un líder de inspiración cristiana, pero lo dijo un jefe de Estado. 

Que las Fuerzas Armadas huyan amenazadas por los criminales no es una «política distinta» de respeto o una estrategia para salvar vidas como lo plantea el Presidente. Se trata de una humillación al Ejército cuya función no es cuidar a los criminales sino, por ahora, cuidarnos justamente de ellos. 

Las mafias locales, los distribuidores de droga, los sicarios, todos aquellos que alimentan el ecosistema criminal del país no necesitan protección o compasión sino la fuerza racional y proporcional del Estado para someterlos al imperio de la ley. 

Por eso la respuesta del Presidente, al asegurar que también cuidan a criminales, carece de sentido. Para usar sus mismos términos, creo que un precepto bíblico resume mejor lo ocurrido en la mañanera 850: «El que mucho sueña, tiene pesadillas; el que mucho habla, dice tonterías». 

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