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Domingo, 23 de Septiembre 2018
Ideas |

Sociedad transparente

Por: Armando González Escoto

Sociedad transparente

Sociedad transparente

Uno de los objetivos de la cultura secular hoy dominante en el mundo occidental es construir una sociedad transparente, para lo cual se requiere como condición formar una sociedad permisiva.

En efecto, si el ideal secular es que todo mundo transparente su vida, tanto la pública como sobre todo la privada, es necesario antes educar a la gente en el sentido de que todo está permitido, a menos que se lesione a un tercero. A diferencia de años anteriores en que estaba prohibido mostrar en la televisión o en el cine escenas tan privadas como ir al baño, escupir, o “volver” el estómago, desde hace ya tiempo los medios de comunicación dejaron atrás esa norma y se han dedicado justamente a presentarnos escenas con todo ese tipo de acciones, como un modo de ir acostumbrando a la gente en esa nueva permisividad.

Hace apenas unos años en el parlamento de Bélgica se discutía justamente si los ciudadanos de aquel país tenían o no derecho de mantener relaciones sexuales en espacios públicos, a lo que finalmente se respondió que sí, pero que en atención a que pudiese haber personas que se sintieran incómodas ante tales escenas, se recomendaba a los interesados cubrirse con una sabanilla.

Los regidores tapatíos no podían quedarse atrás de los parlamentarios belgas, de ahí que procedieran a modificar el reglamento municipal en el sentido de que en adelante los actos antes llamados obscenos, o sea, los jugueteos, escarceos y apasionamientos amorosos que se den en el espacio público, en autos, cines o en el sitio que sea, así como el mismo exhibicionismo, no serán ya sancionados a menos, claro, que medie una denuncia ciudadana. Imagínese usted lo inútil de la excepción, de aquí que le contestan los señores justicia, y de aquí que llegan, pues los entusiastas transparentadores ya se fueron.

Por otra parte resulta comprensible que muchos ciudadanos quieran tener el mismo derecho que siempre ha asistido a los perros, que no acostumbran hacer sus cosas en la intimidad. También hay que preguntar si los mirones tendrán derecho a presenciar dichos actos, si será gratis, o si podrán ser ahuyentados previa denuncia de los observados.

Pregunta ociosa: ¿a los regidores los elige la ciudadanía para que usen el cargo a su antojo y capricho sin jamás preguntarse si las decisiones que toman expresan el sentir de la comunidad? Tampoco está claro si un reglamento municipal se puede modificar al ocurrente gusto de tan ilustres ediles, aún si contraviene leyes y códigos de más alto nivel.
Afirmar como justificación que tal reforma tiene por objeto evitar el chantaje de los policías, es evocar nuevamente al famoso alcalde de Lagos que tiene aquí tan crecido número de parientes.

Corresponde a la ciudadanía, en el caso remoto de que la haya, pronunciarse al respecto, y sobre todo analizar qué tipo de ciudad queremos, definir qué pertenece al espacio privado y qué al público, y en última instancia, si le cuadran o no tales reformas pueda o no fundamentar acuciosamente su opinión, en el supuesto de que todavía quede algo en la sociedad de sentido común.

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