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Martes, 18 de Diciembre 2018

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Siempre será con dignidad, orgullo y grandeza

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

Siempre será con dignidad, orgullo y grandeza

Siempre será con dignidad, orgullo y grandeza

¡El tiempo se va agotando! Sí, así le ha sucedido a la ciudad de Valencia, cuando el  pasado lunes 19, día dedicado al patrono de la ciudad, Sr. San José, se dio el punto final a su Feria de Fallas de este 2018, que durante 10 días fue el motivo de algarabía para un pueblo que vive con grade intensidad sus tradiciones.  

Hoy la feria ya forma parte de la historia, que seguramente quedara grabada en el recuerdo de los valencianos quienes disfrutaron crecidamente el triunfo pletórico de “su torero”, con dos tardes de Puerta Grande. Aunque estaba anunciado únicamente para el sábado 17, el domingo 18 en sustitución de Cayetano el maestro de Chiva, Enrique Ponce, escribió en las dos tardes una historia que se suma ya a su excepcional e inigualable carrera taurina.  

¡Con qué jerarquía camina en el ruedo Enrique Ponce! ¡Con qué dignidad y orgullo porta el terno de luces! ¡Él sabe de la grandeza, la historia y el significado del traje de seda y oro! Y al igual que muchos toreros a través de los tiempos, llevarlo siempre será un motivo de honor, nobleza y respeto.  

Ahora bien, tengamos siempre presente que el traje de torear o terno de luces, NO supone que quienes lo visten sean ya toreros, pero sin él tampoco se entiende que se ejerza esta profesión. Probablemente muchas personas —especialmente los detractores de nuestra fiesta— podrían pensar que en estos tiempos no exista nada más vetusto y fuera de época que este singular atuendo que a través de los siglos se ha mantenido inamovible y con mínimos cambios. Sin embargo, este regio y lujoso vestido de seda y oro es el ornamento que engrandese a quienes forman parte del mágico y excepcional “Espectáculo Taurino”.  

El origen del traje de torear es tan antiguo como la fiesta misma, solamente tendríamos que recordar que en sus inicios con los ejercicios de los caballeros, estos se engalanaban con lujosas vestimentas de acuerdo a su jerarquía, para terminar cubriéndose con las armaduras que utilizaban en el combate. A su vez, los pajes o ayudas de a pie vestían con sus habituales indumentarias, pero esto no debería  extrañarnos, ya que por aquellos años —siglos XV y XVI— no existía la profesión de toreros de a pie.

Transcurriendo el paso de los siglos, la historia nos ilustra que para el año de 1793 Joaquín Rodríguez “Costillares” va dando forma y categoría al terno utilizado por los toreros de a pie, ya que los adornos de plata y oro estaban reservados únicamente para los picadores. Con el añadido del oro y la plata a la confección de los trajes de los toreros, se igualan las condiciones de todos los actores en el ruedo.  

Con la llegada a nuestra fiesta del célebre Francisco Montes “Paquiro”, el terno de luces alcanza su mejor expresión; “Paquiro” acorta la chaquetilla, dando a las hombreras una grande importancia decorativa, rectifica el corte de la taleguilla, recarga de oro los adornos del vestido y así, logra que el traje de torear quede finalmente confeccionado, con tanta eficacia que hasta nuestros días continúa manteniéndose con muy pocas alteraciones.  

Nunca deberemos olvidar la profunda huella que dejó en nuestra fiesta y obviamente en la indumentaria de los toreros Francisco de Goya y Lucientes, quien es uno de los grandes pintores de la humanidad, y de igual forma el pintor de los toros por excelencia. Su influencia continúa después de varios siglos presente en nuestra fiesta, en las tradiciones y regias “Corridas Goyescas”, que reciben este apelativo justamente porque los toreros salen engalanados con trajes que se basan en la vestimenta que se utilizaba en la época de este célebre pintor.         

Siempre tengamos en cuenta que cuando un torero se viste de luces, se coloca en sus hombros muchos siglos de inigualable historia. Y es así que con esta extraordinaria tela que es la seda, surgida por el trabajo laborioso de un osado animalito, y los bordados en oro que brotan de las manos privilegiadas de auténticos artistas, es como resalta el esplendor de esta milagrosa prenda, que es el atuendo litúrgico de nuestro enigmático Espectáculo. Éste que logra su máximo esplendor cuando en los ruedos surge enaltecida la figura de su Majestad, El Toro Bravo.

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