Domingo, 18 de Abril 2021

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Sí señor

Por: Diego Petersen

Sí señor

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Si pensábamos que la participación de las Fuerzas Armadas había llegado a un límite peligroso para la salud de la democracia con el paso de constructores a administradores del Tren Maya, lo que vimos ayer en la Mañanera con el general secretario Luis Crescencio Sandoval haciéndola de secretario de Salud llega a niveles de encender las alarmas. 

Que le pasen por encima al secretario de Salud, Jorge Alcocer, no es novedad. De todos los floreros del gabinete de López Obrador éste es al que menos le cambian el agua y menos sacan a orear. Quien había tomado su lugar era el tan poderoso como desgatado subsecretario Hugo López-Gatell, pero se ha ido ponchando en el camino. Cuando a mediados de enero renunció (despidieron) a la encargada de vacunación, Miriam Esther Vargas, para dejar en manos de la Secretaría de Bienestar la logística de vacunación (ellos deciden con criterios estrictamente políticos cuándo y cuántas vacunas van para cada municipio) quedó claro que el manejo sería con criterios electorales. La presencia de la Guardia Nacional parecía, en ese momento, tener una lógica de seguridad; sin embargo, conforme han ido pasando las semanas es el Ejército quien se ha hecho cargo primero del traslado de las vacunas, luego de la logística en los puntos de vacunación y ahora de la información.

Después de que el presidente Felipe Calderón decidió echar mano de las Fuerzas Armadas para combatir la inseguridad la pegunta desde la izquierda fue, como mucha razón, quién los regresaría a los cuarteles. Peña Nieto ganó la elección prometiendo una estrategia de seguridad distinta y el regreso de las Fuerzas Armadas a sus funciones de Seguridad Nacional. No sólo no lo cumplió, sino que propuso una reforma a la Ley de Seguridad Interior para legalizar que Ejército y Marina pudieran participar en labores de seguridad pública, misma que fue rechazada por la Corte y severamente criticada por el entonces eterno candidato López Obrador, quien prometió en campaña regresar al Ejército a los cuarteles. Lejos de ello los metió a Palacio, los convirtió no sólo en el pilar de su estrategia de seguridad, sino en los operadores de su gobierno.

Ya no tiene sentido seguir discutiendo si López Obrador es de izquierda: está claro que no. La pregunta es por qué el presidente se apoya tanto en las Fuerzas Armadas

Pareciera una contradicción que un presidente que se dice de izquierda le dé tanta fuerza a los militares. Ya no tiene sentido seguir discutiendo si López Obrador es de izquierda: está claro que no. La pregunta es por qué el presidente se apoya tanto en las Fuerzas Armadas. Hay al menos dos razones: la primera es que el Ejército no sabe, ni quiere, decir que no. La segunda es que hace las cosas como al presidente le gusta: sin discutir, acatando las órdenes, obedeciendo sin cuestionar, resolviendo los problemas sobre la marcha. Para un presidente que no le gusta escuchar y menos aún que lo contradigan, el gabinete se reduce a aquellos que dicen “sí señor”: los leales como la secretaria de Energía, Rocío Nahle, el de Bienestar, Javier May o la de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, y los del sí institucional: el secretario de Marina, José Rafael Ojeda, y Defensa Nacional (y lo que se le ocurra al presidente esta semana), Luis Crescencio Sandoval.

diego.petersen@informador.com.mx

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