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Lunes, 10 de Diciembre 2018

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Revolución feminista y miedo patriarcal

Por: Rubén Martín

Revolución feminista y miedo patriarcal

Revolución feminista y miedo patriarcal

No recuerdo que una ley nacional se haya discutido con tanta intensidad y tan masivamente en varias partes del mundo, como la ley a favor del aborto legal, gratuito y seguro debatida en el Senado argentino el miércoles 8 de agosto. El resultado ya se sabe: el pacto patriarcal-eclesial impuso su dominio entre los senadores, quienes rechazaron el proyecto que proponía legalizar el aborto hasta la semana 14 de gestación. Hay que recordar que la propuesta fue aprobada por la Cámara de Diputados en junio.

En decenas de ciudades de América Latina y otras partes del mundo, incluidas Guadalajara y la Ciudad de México, hubo movilizaciones feministas en respaldo al reclamo del movimiento argentino, identificado por el pañuelo verde que se ha convertido un nuevo símbolo. Millones de mujeres salieron a las calles para solidarizarse con el feminismo argentino.

De este modo, la movilización del 8 de agosto se convirtió en otra constatación de la fuerza que está adquiriendo el movimiento feminista global para constituirse en una de las principales fuerzas revolucionarias de la actualidad. La revolución feminista no sólo ocurre en el país sudamericano. De hecho, asistimos a un “internacionalismo feminista”, dice el colectivo Ni una menos de Argentina en el hermoso texto “El fuego es nuestro”, y este internacionalismo feminista “es una fuerza común que cruza océanos, montañas y desiertos y sabemos que nuestro movimiento  nutre la imaginación rebelde en el mundo entero en tiempos cada vez más opresivos”.

A pesar de la derrota en la Cámara alta del Congreso, en el movimiento feminista argentino hay un sabor de victoria por la enorme movilización que lograron organizar en las principales ciudades. Millones de mujeres tomaron las calles para reclamar al poder político patriarcal su derecho a decidir sobre su propio cuerpo y sus vidas.

La “victoria” de los senadores conservadores está fundada en el temor de los representantes políticos a perder los privilegios que el patriarcado otorga.

Además de los actores políticos, el colectivo Ni una menos destaca el poder que la Iglesia católica ha ejercido en esta cruzada contra las feministas y su derecho a decidir. Así lo dicen en el manifiesto del 8 de agosto: “La Iglesia, a través de sus voceros varones, se plantea una nueva cruzada contra las mujeres y contra todas las identidades que el patriarcado menoscaba o directamente niega. Pretenden así imponer una nueva inquisición (…). Por eso volvemos a gritar: saquen sus rosarios de nuestros ovarios y saquen sus milicos de nuestros territorios”.

Aunque había furia, también quedó la euforia por la enorme movilización lograda con organización y trayectoria acumulada de lucha, ha destacado Verónica Gago, en un extraordinario análisis escrito apenas terminada la movilización del 8 de agosto. Ahí resalta que la cerrazón conservadora es producto del miedo patriarcal a perder sus derechos: “Nos tienen miedo: Sin embargo, el temblor de la revolución feminista no deja lugar sin conmover. El aborto en la calle ya es ley. Nuestra victoria es aquí y ahora y a largo plazo. Estamos haciendo historia. Nos tienen miedo. Este desprecio del Senado no será gratis. Tenemos furia y euforia. No tenemos esperanza, tenemos fuerza”. (http://www.revistaanfibia.com/ensayo/nos-tienen-miedo/). Es esta fuerza de la revolución feminista la que desata el miedo patriarcal. 
 

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