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Domingo, 16 de Junio 2019
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Reporte al Tapatío

Por: Martín Casillas de Alba

Reporte al Tapatío

Reporte al Tapatío

No creo que el arquitecto Luis Barragán se hubiera imaginado que un día la casa que construyó en 1947, donde vivió hasta el último de sus días en 1988, sería parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO; que sería visitada por treinta mil personas al año y que fuese admirada por la mayoría de sus colegas arquitectos que han recibido el Premio Pritzker, además de ser el escenario para una serie de exposiciones de arte contemporáneo gracias a un grupo de tapatíos que, en su momento, la salvaron de la destrucción o del abandono.

Hoy a las 12:00 se presenta en esa casa icónica de la Ciudad de México el libro Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán. Reporte al Tapatío en donde ‘el tapatío’ es nada menos que Luis Barragán a quien le informan -esté donde esté en el más allá o en la cabeza de los miembros de la Fundación-, los hechos más relevantes de su casa para que esté al día de lo sucedido, de los logros obtenidos y los obstáculos librados hasta convertirse en una de las más importantes muestras de la arquitectura contemporánea mexicana.

Primero está la “Presentación” de Jorge Gamboa de Buen, actual presidente de la Fundación; luego, el arquitecto y poeta Juan Palomar Verea, su fundador, escribe el ‘Reporte al Tapatío’ en donde nos cuenta la historia desde antes del principio, con todas las sorpresas y desafíos que enfrentaron desde que murió el arquitecto hasta nuestros días, para luego entrarle a la “Antropología de la mirada”, el ensayo de Alfonso Alfaro que nos permite evaluar la trascendencia de la obra del artista tapatío.

La coordinación editorial es del arquitecto Armando Chávez quien logró, con su equipo editorial, darnos la temperatura exacta de la intimidad de esa casa.

Catalina Corcuera es la directora de la casa desde hace veinte años y en ese tiempo ha logrado mantenerla en buen estado y, en el 2004, proponerla a la UNESCO para que la aceptaran en la lista de Patrimonio Mundial, asesorada por el genial ‘Pancho’ López, factótum del INAH en esa época. Con ese logro, pudo confirmar el prestigio internacional de esta obra que, cada vez que la visitamos, produce un ‘no se qué conmovedor’ que nos deja, como ha dejado a los visitantes nacionales o extranjeros con la boca abierta y, en algunos casos hasta las lágrimas, cuando han podido admirar su belleza, la austeridad con la que vivía el arquitecto y esa estética que provoca una sensación de paz y serenidad francamente impresionantes.

“Me he dedicado a la arquitectura como un actosublime de la imaginación poética -dijo Barragán en 1980 cuando recibió el Pritzker-, en mí se premia entonces, a todo aquél que ha sido tocado por la belleza. En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento y también las de serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado una amorosa acogida en mi alma, y si estoy lejos de pretender haberles hecho plena justicia en mi obra, no por eso han dejado de ser mi faro”.

En ese discurso, Barragán le rinde culto a la belleza tal como logra plasmarla en sus jardines y en sus casas donde siempre deseaba que privara ‘el plácido murmullo del silencio’ y que se llevara a cabo la íntima comunión con la soledad para que el hombre pudiera hallarse a sí mismo, como lo ha logrado, así como, una cierta serenidad, antídoto de la angustia, para que sea la que domine la habitación del hombre, tal como lo logró en su propia casa.

Con este libro podemos apreciar el valor de la constancia de sus fundadores y miembros que han logrado mantener esa obra de arte diseñada y vivida por un tapatío universal, para el disfrute de los que la visitany quedan con el alma apacible, después de haber estado en el centro mismo de una belleza arquitectónica del siglo XX.

(malba99@yahoo.com)

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