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Lunes, 22 de Julio 2019
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Reforma al Poder Judicial: ¿Y la política?

Por: Diego Petersen

Reforma al Poder Judicial: ¿Y la política?

Reforma al Poder Judicial: ¿Y la política?

El pleno del Poder Judicial de Jalisco va a impugnar una reforma inexistente: con 16 votos a favor, 11 en contra, una abstención y un voto no emitido el pleno del Supremo Tribunal decidió presentar una controversia constitucional contra una reforma que ni siquiera ha sido publicada. Parece un absurdo, en muchos sentidos lo es, pero detrás está el fracaso de la política en el Congreso del Estado.

Los temas más controvertidos de la reforma son el famoso haber de retiro (una compensación millonaria al momento de la jubilación) y las pruebas de control de confianza. La primera tiene como bases el hecho de que los jueces y magistrados no pueden litigar después de haber ejercido el cargo. Tiene lógica que exista dicha compensación, la pregunta es en todo caso si la que existe actualmente es justa o si se trata de un abuso. El segundo tema son los exámenes de control y confianza y dentro de estos particularmente la famosa prueba de polígrafo, tan temida como vapuleada.

Los puntos en disputa parecen tan poco trascendentes que la pregunta es qué está fallando en la política. Es evidente que a ningún poder le gusta que otro le imponga cambios y reformas, pero ese justamente es el equilibrio necesario, la mezcla entre la independencia de un poder y la vigilancia de los otros dos. No hay duda de que el Poder Judicial de Jalisco tiene que reformarse y que es uno de los grandes lastres no solo para la seguridad pública y jurídica sino de la economía del Estado. Pero, si bien es cierto que la presión tiene que venir de fuera, la reforma necesita forzosamente tener una base sólida desde dentro.

Los malos políticos quieren tener la razón; los buenos buscan la transformación. Los primeros logran primeras planas y ruido en las redes; los segundos, objetivos

Una reforma del tamaño y profundidad que se busca en el Poder Judicial del Estado no puede hacerse ni al vapor ni por decreto. Romper las ataduras políticas, las tramas de intereses, las formas burocráticas, la proclividad a la corrupción no será de la noche a la mañana y por supuesto no será sin resistencias. Se requiere de esa presión externa -que ya existe y no necesita de manifestaciones orquestadas desde otro poder- pero sobre todo de aliados internos. Votar en el Congreso una reforma que no tuvo ni siquiera el aval de los aliados internos del Poder Judicial no nos lleva a ningún lado.

Los malos políticos quieren tener la razón; los buenos buscan la transformación. Los primeros logran primeras planas y ruido en las redes; los segundos, objetivos. Si no hay un cambio de estrategia política en la renovación profunda del Poder Judicial vamos directos al impasse, con mucho ruido mediático y pocos o nulos resultados.

(diego.petersen@informador.com.mx)
 

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