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Sábado, 26 de Mayo 2018

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Programa de contrastes

Por: Jaime García Elías

Programa de contrastes

Programa de contrastes

Para el tercer programa de la Tercera Temporada 2018 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ), su director titular, Marco Parisotto, confeccionó un programa de contrastes: de una obra exquisita, pletórica de poesía (el Concierto para piano y orquesta No. 4 en Sol mayor, Op. 58, de Beethoven), a una obra “maldita” (la Sinfonía No. 1 en Re menor, Op. 13, de Rachmaninov); de una de las partituras predilectas de todos los públicos, de todas las orquestas y de todos los pianistas, a una que desde su estreno, en 1897, fue perseguida por una aura maléfica que hasta la fecha parece seguir vigente.

La parte solista del Concierto, en la velada del viernes, en el Conjunto de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara, en presencia de más de 900 personas, estuvo a cargo del joven pianista ruso Daniel Kharitonov (19 años), tercer premio del Concurso Internacional Tchaikovsky en 2015. Salvadas las comparaciones –tan odiosas como inevitables— con las muchas versiones de referencia de la obra (Arrau, Grimaud, Uchida, Pollini, Gould, Zimerman…), la versión de Kharitonov resultó irreprochable en lo técnico: pulcro en la digitación, impecable en claridad y transparencia, el solista consiguió un acoplamiento estupendo con la orquesta. Quedó a deber, en todo caso –pecado de juventud, valdría decir— en materia de emoción. Su expresión corporal, estatuaria, no consiguió proyectar, más allá de las notas, el alma de la música.

Kharitonov obsequió dos encores: una pieza de su propia autoría, y un estudio de Chopin; en ambas evidenció agilidad y virtuosismo a raudales.

Con una dotación orquestal mucho más amplia, la OFJ proyectó en la segunda parte del programa la amplitud y brillantez sonora, así como el vasto colorido musical de que es capaz en su actual etapa. Calificada por Rimski-Kórsakov como “no muy agradable”; estropeada en su estreno por un Alexander Glazúnov notoria y confesamente alcoholizado; destrozada como “música de efecto deprimente (…), con sus ritmos rotos, oscuridad y vaguedad en la forma (…), armonización perversa y enfermiza (…) y total ausencia de temas” por la crítica de César Cui, la Primera Sinfonía de Rachmaninov fue, en cualquier caso, un excelente test de la solvencia de la OFJ –y de Parisotto en el pódium— para dar vida a partituras endiabladamente difíciles de tocar… aunque su belleza no vaya en consonancia.

El programa se repite este domingo, a partir de las 12:30 horas, en el Teatro Degollado.

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