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Domingo, 26 de Mayo 2019
Ideas |

Preguntas para dos obras muy comentadas

Por: Iván González Vega

Preguntas para dos obras muy comentadas

Preguntas para dos obras muy comentadas

Las obras muy comentadas en cuestión son “Mujer sin Vuitton en cinco huidas y una lección” (viernes y sábado, últimas dos funciones, Teatro Experimental de Jalisco, 20:00 horas) y “La piel de metal” (mismas fechas y horas, últimas dos funciones, pero en el Teatro Vivian Blumenthal). Hay más obras relevantes este mes (“Lot, la ciudad devastada”, está los jueves en el mismo Expe) pero éstas se despiden ya. No se las pierda.

1. Cuando hay actores que son grandes, uno siempre disfruta las obras. Karina Hurtado y Azucena Evans son dos señoras de la técnica, y de bastante más, pero mirarlas actuar es sorprenderse de lo compleja que es la actuación, más allá de las puras “tablas”. Karina es una maestra de la voz bien puesta, del progreso de las emociones sinceras y del peso en escena; Azucena es pura energía y una lección de orden y organización, además de una comediante que es mucho más que solo divertida. Ellas solas no pueden hacer de “Mujer sin Vuitton” un espectáculo memorable, pero son memorables en cualquier espectáculo. Lo mismo pasa con Paloma Domínguez y Darío Rocas, más jóvenes, pero bien encaminados hacia un innegable lugar de admiración. Paloma es dueña de una naturalidad e inteligencia que asombran y Darío, de una elocuente generosidad y una vocación de respeto por todos sus compañeros; juntos brillan en “La piel de metal” aunque tampoco son capaces de cargar con todo un espectáculo. Con tamaños actores, ¿no está, el trabajo escénico, en propiciar su mejor desempeño, en lugar de estorbarlo con trucos, efectos y aparatos?

2. El aparato escénico en cuestión (hoy lo llaman “dispositivo”) es, en “La piel de metal”, un depurado espacio abierto, que se satura de luces y efectos sonoros; los actores trabajan con tales elementos, su vestuario y un par de sillas. Cuando uno se baña, suena el sonido del agua de alguien que se baña. Cuando algo se quema, se proyecta sobre los cuerpos una animación de algo que se quema. En “Mujer sin Vuitton” los recursos son igualmente ambiciosos, con el añadido de que las actrices se ven obligadas a 90 minutos de crossfit teatrero en una estructura de madera. ¿Para qué les serviría un inodoro? ¿Para qué, una tarja de fregadero? ¿Cómo resolver que las luces adentro de esa caja sí permitan ver todo el tiempo sus rostros? Y, sobre todo: ¿qué, de todo eso, no pueden hacer los actores con sus cuerpos y sus voces? ¿Abona, añade, suma el conjunto de recursos al buen trabajo de los intérpretes?

3. Si la obra sale bien, es gracias a los actores; si mal, culpa del director. El adagio es tan simplón como divertido, pero obliga a preguntarse por cuánto de estos espectáculos funciona y es construido por esos espectadores expertos que son sus respectivos directores. En “Mujer sin Vuitton” hay una sensación de juego y vigor que Víctor Aceves parece haber procurado; en “La piel de metal” hay una especie de aspiración por la plástica y la forma que quizá venga de la mirada de Eduardo Covarrubias. ¿Es eso congruente con lo que están haciendo sus actores?

Carteleras: agoragdl.com.mx/ ivangonzalezvega@gmail.com

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