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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Precampañas: viva la simulación

Por: Diego Petersen

Precampañas: viva la simulación

Precampañas: viva la simulación

¿Qué nos dejaron las precampañas? Un sabor a engaño, un gran hartazgo y muy poco más. Las precampañas se inventaron para regular eso que el entonces IFE señalaba como actos anticipados de campaña porque la legislación, hecha por los partidos, prohibía que nadie se moviera antes de tiempos, pues eso les quitaba control sobre los procesos. Son las reminiscencias de aquella máxima de don Fidel Velázquez que rezaba: “El que se mueve no sale en la foto”. Es el afán de controlar todo, incluso cuándo alguien puede pedir el voto y cuándo no.

Como la legislación es absurda el resultado lo es igualmente. Tras los reclamos ciudadanos de que las campañas eran demasiado largas y tediosas, los partidos inventaron partir el mismo tiempo electoral en tres partes: precampañas, intercampañas y campañas.

Las precampañas, que terminaron el domingo, fueron una verdadera farsa, pues ningún partido tuvo un proceso interno de selección de candidatos ni para la Presidencia de la República (tuvimos un dedazo, y dos auto dedazos) ni para gobernador de Jalisco (en esta hubo dos dedazos —PRI y Morena—, un auto dedazo —de Alfaro—, y una autoinmolación —la de Miguel Ángel Martínez del PAN—). No hubo pues un solo proceso abierto y democrático donde los candidatos compitieran contra correligionarios para ganar el derecho a representar a sus partidos. Todos compitieron contra su sombra, todos usaron los spots para convencer a la población en general, pero ponían un insultante remate de “mensaje dirigido a los miembros de la comisión bla, bla bla”. De nada sirve hacer reglas cada día más sofisticadas para nuestra democracia si quienes deben acatarlas les importa un bledo; de nada sirve construir la casa de la democracia si quienes la habitan no son demócratas.

Las intercampañas serán una farsa más o menos similar. Los candidatos pueden dar entrevistas, pero no pedir el voto. 

Las intercampañas serán una farsa más o menos similar. Los candidatos pueden dar entrevistas, pero no pedir el voto. Por favor. Todos sabemos que hay muchas maneras de decir “te quiero” o de mentar la madre sin pronunciar las palabras. Los candidatos van a andar como locos haciendo proselitismo todos los días sin tener que decir las palabras prohibidas: “voten por mí”.

A la postre las campañas habrán durado los mismos seis largos y enfadosos meses. Nos dirán que salieron más baratas, porque ahora los spots no los pagan ellos, sino que salen del inventario de los medios de comunicación, y celebrarán además su austeridad.

Viva la simulación.

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