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Lunes, 14 de Octubre 2019
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Perlas neoliberales de la 4T

Por: Rubén Martín

Perlas neoliberales de la 4T

Perlas neoliberales de la 4T

No es de ahora que llegó a la Presidencia que Andrés Manuel López Obrador culpa al neoliberalismo de ser la causa de los principales males nacionales, entre ellos la desigualdad, la crisis del campo, el desmantelamiento de la industria, las privatizaciones y la entrega de recursos a particulares. La violencia y la incorporación de miles de jóvenes a grupos del crimen organizado son también producto del neoliberalismo, e incluso los males que aquejan a las parejas.

Su eslogan de que su Gobierno implica una Cuarta Transformación de la vida nacional se centra en la idea de que habrá un cambio radical con las políticas precedentes. Pero va a ser difícil que López Obrador cumpla con esta gran transformación que pregona si ha incorporado a funcionarios que no sólo no han roto con las políticas neoliberales sino que son abiertamente impulsores de ellas.

Su principal asesor, Alfonso Romo, ha declarado que quiere hacer de México el paraíso de la inversión privada. Una declaración así no significa ninguna transformación sino ratificación de políticas radicales de libre mercado. Justo lo que propugna el neoliberalismo.

Otro funcionario del Gobierno de la Cuarta Transformación que significa más continuidad que cambio es Francisco Quiroga, subsecretario de Minería. El pasado miércoles habló ante empresarios del sector en el México Mining Forum 2019 a quienes ofreció “liberación de terrenos” para nuevas concesiones y a pesar de los conflictos políticos que existen en comunidades donde se desarrolla esta actividad, el funcionario sostuvo que “la minería es lo mejor que les pudo haber pasado a muchas comunidades. Ni siquiera debería haber discusión al respecto”.

Quizá quien se lleva las palmas a la mejor perla sea el director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons, quien es el principal promotor del megaproyecto consentido de López Obrador: el Tren Maya.

Entrevistado por Claudia Ramos, de Animal Político, dijo que “no podemos ser a ultranza conservacionistas cuando tenemos tanta miseria” y que “no ganamos nada como país con tener jaguares gordos y niños famélicos; tiene que haber un equilibrio”. Jiménez Pons planteó un ultimátum a las comunidades del Sureste de México por donde se diseña este proyecto: o se suben al tren o se les pasa, dijo. Y remató con la siguiente frase: “Nosotros somos un grupo de izquierda, que inclusive está instaurando más que otra cosa un verdadero capitalismo, más allá del capitalismo de cuates que hay en México (…)”.

Con estos ejemplos quedan claras las contradicciones que imperan en el equipo de la Cuarta Transformación. Es evidente que no se puede esperar unanimidad en un grupo tan grande como es un gabinete federal. Pero sí se puede esperar coherencia.

Los casos mencionados son funcionarios que no están en sintonía con el discurso presidencial del fin del neoliberalismo. Al contrario: abogan abiertamente por una continuidad de las políticas que causaron daños terribles a amplios sectores de la sociedad mexicana.

Además de promover estas políticas, algunos de ellos representan el pensamiento colonialista y dominante que cree que es desde el Estado y el capital que se “lleva” y “regala” el desarrollo a los pobres, desconociendo las formas de reproducción de la vida que tienen las propias comunidades y sus concepciones de relación con la tierra, el medio ambiente y otras formas de vida. Y desconociendo que muchas comunidades no quieren ese “desarrollo” por significar más bien proyectos de muerte. 

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