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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

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Para todo hay gustos…

Por: Jaime García Elías

Para todo hay gustos…

Para todo hay gustos…

Sala casi llena en el Teatro Degollado. Señal inequívoca de que el programa del quinto concierto de la Tercera Temporada 2018 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) resultó especialmente atractivo…

Lo curioso es que las obras seleccionadas, pese a ser casi contemporáneas, se ubican en las antípodas: el Concierto para piano y orquesta No. 2 en Do menor, Op. 18, de Rachmáninov -quizá la obra más hermosa de su autor, melodía por melodía, compás por compás-, estrenado en 1901, por el “carácter poético y la calidez melódica” destacadas en el programa de mano, encuadra plenamente en el rango de la música pos-romántica; La Consagración de la Primavera, de Stravinsky, estrenada en 1913, se convirtió en un manifiesto de la contracultura de su tiempo y del rompimiento con los patrones establecidos.

Agua y aceite, pues. Un siglo después -se demostró la noche del jueves- la mezcla puede conseguir la aprobación decidida (y lo más notable: unánime) del público.

Las claves fueron la solvencia y ductilidad de la OFJ, capaz de saltar de un extremo a otro en la misma velada, y de materializar con la misma fidelidad y calidad sonora dos partituras tan contrastantes; en el talento del joven pianista Vladimir Petrov (21 años), nacido en Rusia y avecindado desde su más temprana infancia en San Luis Potosí; finalmente, en la versatilidad -amén de sobriedad y eficiencia- del director huésped Tito Muñoz (actual director artístico de la Sinfónica de Phoenix, Arizona).

La OFJ se adaptó estupendamente a un conductor que, sin batuta ni partitura, propició el lucimiento de un solista que evidenció sus tablas (ha cumplido presentaciones en salas de concierto de todo el mundo) y su escuela (estudia actualmente en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú) con una de las obras consentidas de todos los repertorios. Sobresalieron, amén de las breves cadenzas, los diálogos del solista con las maderas en el primer movimiento, con las flautas en el segundo y con los cornos en el tercero. Petrov correspondió a las aclamaciones del público con dos encores: uno de Lizst, todo dulzura; el otro de Scriabin, todo energía. Ambos, espectaculares.

La compleja partitura de Stravinsky, con sus disonancias, estridencias, anarquías tímbricas y rítmicas, encontró en Tito Muñoz, en el pódium, en el cierre de la velada, un estupendo intérprete.

El programa se repite mañana, en la misma sala, a partir de las 12:30 horas. 

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