Jueves, 24 de Junio 2021

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Otra promesa fallida: ni más maíz ni más país

Por: Carlos Loret de Mola

Otra promesa fallida: ni más maíz ni más país

Otra promesa fallida: ni más maíz ni más país

¿Qué prometieron? Que México sería autosuficiente en la producción de maíz, ya no tendríamos que importarlo. ¿Qué tenemos a mitad de sexenio? Que la producción en México caerá 30%, según datos del Sistema Producto Maíz. Y las importaciones ya están en niveles récord.

En campaña, los políticos que hoy mandan en el gobierno federal enarbolaron que “sin maíz no hay país”. Pocas frases tan seductoras para promover una política pública. A casi tres años de gobernar, resulta que va a tener que echarse bajo la alfombra el cursilón discurso de resucitar al “hombre de maíz”. 

¿Por qué ha caído tan dramáticamente la producción de maíz? Desde factores fortuitos como la sequía y las heladas, hasta razones que son directamente atribuibles a los políticos que, envueltos en la bandera, dijeron que defenderían a los productores del campo mexicano: les han retirado subsidios, seguros y fertilizantes; además, vino la pandemia y el gobierno no ayudó a los productores, por lo que dejaron de pagar sus créditos, cayeron en cartera vencida, se descapitalizaron, quebraron. Todos estos factores tienen como consecuencia que se siembren menos hectáreas de maíz en los ciclos por venir. 

Pero además, esas menos hectáreas van a producir menos maíz. ¿Por qué? Por el factor ideológico: el gobierno está en contra de la modificación genética (los famosos transgénicos) y del uso de glifosato (un herbicida que protege los cultivos de bichos y enfermedades). No abordaré el debate ético sobre ambos, sólo decir que al no usarse, se cosecha menos.

Todo apunta al mismo resultado: menos maíz… para el mismo país. 

De hecho, tratando de no hacer ruido, el gobierno ya abrió los cupos de importación de maíz. Algo que refleja el estrepitoso fracaso de la política pública sobre el grano emblemático de México.

Si bien nuestro país es autosuficiente en la producción de maíz blanco (el de consumo humano), tiene que importar el 75% del maíz amarillo (del que se alimenta el ganado, que se vuelve la carne que comemos las personas). Es decir, tan importante es uno como el otro: en un taco, el maíz blanco es la tortilla y el maíz amarillo es lo que permite que tenga bistec. 

Un gobierno abiertamente en contra de transgénicos y glifosato no afecta a la producción de maíz blanco, que casi no los usa, pero incide dramáticamente la producción mexicana de maíz amarillo. Hoy las importaciones de maíz amarillo están en niveles récord. Por cierto, el maíz amarillo que se importa emplea tanto la modificación genética como el herbicida, pero México no se atreve a prohibirlo: se quedaría sin comida para el ganado, generando una crisis alimentaria de proporciones insospechadas. 

Y ya quedó claro: sin maíz (importado) no hay país. Es como la “vacuna mexicana”… que se hizo en Estados Unidos.

SACIAMORBOS

El gobierno prometió que llegaría de Argentina la sustancia activa, para ser envasada en una planta de Ocoyoacac y convertirse en 77 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca. De esas, ninguna sola dosis ha salido de la fábrica. Las que se han suministrado de AstraZeneca son las que se compraron a India y las que mandó Joe Biden. Pero de la vacuna envasada en México, nada. ¿Será cierta la versión oficial de que no tenían unos filtros que escasearon en todo el planeta o será cierta la otra versión que circula y es que no hicieron los pedidos del vidrio para el envase, aún cuando México es potencia mundial en la producción de vidrio? Muy 4T.

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