En toda campaña hay momentos memorables y momentos fallidos; el del lunes de José Antonio Meade es uno de ellos. “No me acuerdo”, dijo cuando le preguntaron cómo se llamaba el libro que él mismo presumió que había escrito y estaba por salir a librerías, ante la cara de extrañeza de los entrevistadores que no daban crédito, pues es realmente poco creíble que alguien no se acuerde del título del libro que acaba de escribir. Lo quiso componer diciendo que él no puso el título, y quedó peor pues la imagen que transmitió es que él no escribió el libro, y si bien podemos apostar que los otros candidatos tampoco lo escribieron, ninguno se exhibió en público de esa manera. “No me acuerdo” quedará como la marca de una campaña en declive, como el acto simbólico que sintetiza las semanas en que la candidatura se fue a pique.El problema no son los memes, que vendrán en cascada, sino lo que desmoraliza a los seguidores un error de este tamaño cuando todo es cuesta arriba. Nada hay más memorable que un error así. En algunos casos los errores se pueden revertir y hacer de ellos una virtud. Cuando en el 2000 Fox llegó alcoholizado a la reunión preparatoria del debate y lo único que pudo articular fue un enfático “Hoy, hoy, hoy”, su equipo fue capaz de convertir eso en un slogan, en el mantra de llamado a la acción en la recta final de la campaña. Pero Andrés Manuel, por citar otro ejemplo, nunca pudo levantarse del “Cállate chachalaca” que terminó por marcar su campaña en el 2006 y dejó la imagen de un hombre intolerante. El error de Peña Nieto en la FIL, previo a la campaña de 2012, no lo tumbó, pero lo marcó para siempre, le creó la imagen de un Presidente lerdo que no lee e inventa títulos de libros.Las campañas someten a los candidatos a un estrés de tal magnitud que es un milagro que no se equivoquen más y que no digan más tonterías que las que ya de por sí nos recetan cada mañana. Pero lo peor que le puede pasar a Meade es que a la postre nadie se acuerde ni siquiera del “No me acuerdo”. El candidato y la campaña se han ido borrando, saliendo del escenario.¿Podía haber hecho algo distinto Meade u otro candidato con una marca tan golpeada como el PRI? Difícil saberlo, pero la combinación de una marca llena de negativos, un Presidente repudiado y con un candidato inexperto y poco carismático resultó una combinación fatal que dio como resultado una campaña destinada al no me acuerdo.(diego.petersen@informador.com.mx)