Martes, 16 de Agosto 2022

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No hay quinto malo

Por: Jaime García Elías

No hay quinto malo

No hay quinto malo

Quién lo hubiera dicho: ahora resulta que Mahler, ave de tempestades entre los compositores de música culta, salió más taquillero que Beethoven, integrante, con Bach y Mozart, de la Santísima Trinidad entre sus ilustrísimos congéneres.

Hubo largas filas en las taquillas y, en consecuencia, sala casi llena en el Teatro Degollado, la noche del jueves, para el quinto concierto de la Segunda Temporada 2022 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ).

Más allá de que la Sinfonía en Do, de Marianne von Martines (sic) –de ascendencia española, discípula de Haydn– resultó ser una joyita agradable, felizmente influenciada por El Padre de la Sinfonía; más allá de la presencia de la ya prestigiosa soprano jalisciense Anabel de la Mora en el programa, quedó claro que la inclusión en el mismo de la Cuarta Sinfonía de Mahler, hizo la taquilla. Lo demostraron los aplausos espontáneos y generalizados al final de los tres primeros movimientos y las aclamaciones al término de la velada.

De la Sinfonía en Do de Marianne von Martines, vale ponderar la pulcra versión de José Luis Castillo, director artístico de la OFJ, las cuerdas y los siete alientos maderas que la interpretaron.

Anabel de la Mora saludó con “Vorrei Spiegarvi, oh Dio”, bellísima aria de concierto de Mozart,de la que hay excelentes versiones de referencia (Edita Gruberova, Katthlen Battle y Regula Mühlemann, v. gr.), en que sobresalen los diálogos de la voz –la de Anabel, especialmente solvente en los agudos– y el oboe, sobre un fondo de vientos, cuerdas en pizzicato y violines en sordina.

Reconocida hace tres años por la Sociedad Mahler de México como “la mejor orquesta” del país, la OFJ se reencontró con el compositor austro-bohemio mediante su Cuarta Sinfonía: una de las más tocadas de su producción. Quizá siga vigente la crítica de “The Times” sobre dichas sinfonías: “indudablemente interesantes en su unión de la riqueza orquestal moderna con la simplicidad melódica, que con frecuencia se acerca a la banalidad”. En la lectura de José Luis Castillo sobresalieron los pianísimos, aterciopelados, en los movimientos primero, segundo y tercero (que anticipan el célebre adagietto de su Quinta Sinfonía), así como los postreros de la obra..., y, por supuesto, la irreprochable participación de Anabel de la Mora en el lied culminante.

El programa, como de costumbre, se repite este domingo, a partir de las 12:30 horas, en la misma sala.

Jaime García Elías

jagelias@gmail.com

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