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Sábado, 18 de Agosto 2018

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Nefertiti ¿Hasta dónde llega nuestra tolerancia?

Por: Carlos María Enrigue

Nefertiti ¿Hasta dónde llega nuestra tolerancia?

Nefertiti ¿Hasta dónde llega nuestra tolerancia?

¿Hasta dónde llega nuestra tolerancia en este país? ¿Cuál es el umbral que tenemos que cruzar para ver que hemos caído al fondo? ¿Qué noticia tiene que ocurrir para saber que algo nuevo debe hacerse? Me hago estas preguntas mientras leo la nota del homicidio de Grecia y Nefertiti Camacho a manos de policías, sí, leyó usted bien, policías en Río Blanco, Veracruz.

Si usted no está enterado ahí le va el resumen: el día martes en distintos medios se informaba cómo el sábado, en Veracruz a plena luz del día y grabado por cámaras el que unos policías municipales daban el tiro de gracia a una de las hermanas Camacho, una niña de dieciséis años de edad.

Así, sin más, sin que jamás haya estado siquiera en disputa el riesgo que pudo haber presentado esa niña que se ve sentada en la banqueta, custodiada por un policía. Aparece sentada al lado de un policía y en la siguiente imagen aparece en el suelo desangrada.

Como en cada caso, se alega por la autoridad que se trataba de criminales – para justificar esto llegan hasta enfatizar el hecho de que tuvieran o no tatuajes. Lo que no se alega es que, criminales o no criminales, la policía tiene un deber específico que es el combate al crimen, pero siempre sujeto a reglas específicas y ni la Corte, con su reciente interpretación, llegaría al extremo de justificar el abuso que vimos.

Es decir, reducir el tema de los homicidios que cometen policías, militares, marinos u otros empleados públicos a lo que hagan o dejen de hacer los ciudadanos es un falso debate. Y es un falso debate por una sencilla razón, a los criminales no los debemos de mantener con nuestro impuestos, y por muy despreciable que sea lo que hagan existe una distinción sustancial entre su situación y la de los uniformados.

Así, el argumento de la necesidad de combatir “el fuego con fuego” solo tiene sentido si como sociedad decidiéramos dejar de subsidiar sus sueldos, de financiar su armamento y entrenamiento ¿Por qué? Por la sencilla razón de que las reglas que se establecieron como elementos de derechos humanos de primera generación tenían por objeto evitar el caos por lo menos de una de las partes, tener la certeza de que el actuar de los funcionarios no sería equiparable a los de los delincuentes.

De lo contrario ¿para qué tener gobierno?

Cada que surge un cartel nuevo, o que uno trata de ganar nuevos territorios es habitual que hagan entradas disruptivas en los lugares que se disputan. Y siempre entran con pretensión de “poner orden”, “limpiar de ratas” y demás lugares comunes. Si es así, si no vamos a estar sujetos a reglas ¿por qué no evitarnos el pago de impuestos si el propio estado funciona como cartel?

Ahora, con las elecciones por venir existiría el antojo de señalar a partidos específicos como tendientes a esta clase de actos, pero el asunto es que el municipio es gobernado por Morena, el Estado por una coalición PAN – PRD y la federación por el PRI. Es decir, están todos metidos. La solución no va por un mero cambio de partido.

Así, pocas cosas se me antojan a mi como suficientes para provocar el hartazgo final que el asesinato de una niña.

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