Martes, 03 de Agosto 2021

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Morir tres veces 

Por: Gabriela Aguilar

Morir tres veces 

Morir tres veces 

Hay dos momentos que transforman la vida de una mujer que es madre: el día que recibe a un hijo y el día que lo pierde. En el primer momento, para muchas, nace la fe que les permite trascender, pero el segundo les arranca la vida sin morir; como fue el caso de Marisela Escobedo, que sacudió a México hace una década y que regresa a la memoria con el documental “Las tres muertes de Marisela Escobedo” (Netflix, 2020), un recorrido por el caso del feminicidio de su hija Rubí, a manos de quien fuera pareja de la joven.

El largometraje recrea parte de la vida de Marisela, su familia y quienes trabajaron codo a codo en la búsqueda de justicia, en medio de un México convulso en donde la pugna entre el gobierno y el crimen organizado arrojaba escandalosas cifras de desaparecidos cada día y donde el delito de feminicidio no se tipificaba aún en el país.  

En esta narración, como seguramente hay muchas allá afuera que no veremos en ninguna plataforma exhibe cómo los espacios vacíos en el sistema de justicia pueden absolver a un culpable confeso, pues Sergio Barraza indica dónde arrojó los restos calcinados de Rubí, cómo el coraje de una mujer puede mantener unida a una familia desarticulada por el dolor; cómo la delincuencia organizada puede filtrarse en las instituciones de seguridad y cómo se le arrebata la vida a una activista visionaria, a los ojos de todos, frente a la sede de gobierno de Chihuahua.  

Y es que en este país ser activista es incómodo y confrontar a las autoridades peligroso, pues una sola mujer, con sus propios recursos, evidenció la ineptitud de las instituciones de seguridad realizando la búsqueda de los restos de su hija y la ubicación de su presunto asesino no una, sino dos veces.  

En sólo unos pocos meses, Marisela dejó su vida de siempre y recorrió el país siguiendo pistas y llevar a Sergio Barraza ante la justicia. Siempre actuando apegada a la legalidad con un desgarrador discurso durante el juicio oral en abril de 2010, en el que expuso: “La tiró, la quemó, le echó perlas a los cerdos. (…) Este hombre no acabó con mi vida, acabó con mis esperanzas, con mi fe, con mis creencias”. Nada más lejos de la realidad. Ese día Marisela murió por segunda vez al dejar las autoridades libres a Barraza.  

Un día después recogió sus pedazos rotos y regresó a la lucha. Obtuvo una revocación de sentencia y lo encontraron culpable. Lo que la propia Escobedo consideró una limpieza de imagen con una sentencia condenatoria en un papel. Y con ella se propuso recorrer las procuradurías de todos los estados.  El 16 de diciembre de 2010, mientras se manifestaba frente al palacio de gobierno de Chihuahua, Marisela muere por tercera vez, a mano armada.

Una década después, con el delito de feminicidio tipificado desde 2012, el aumento en la violencia de género en todo el territorio nacional es un tema en la agenda pública, así como las mujeres que a la voz de “Ni una más” se visten de púrpura y toman sedes de Derechos Humanos pidiendo justicia.

En este país las calles se llenan de hombres y mujeres que caminan para ser vistos, que se instalan en plazas públicas para evidenciar el hartazgo social y así se les escapa la vida, sin respuestas, mientras cada día se siguen arrojando perlas a los cerdos.

puntociego@mail.com

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