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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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Moralidad versus frivolidad

Moralidad versus frivolidad

Moralidad versus frivolidad

Como parte de la actual temporada de la orquesta Filarmónica de Jalisco se presentó esta semana un programa dedicado a Hungría, conformado por obras de algunos de sus más destacados autores: Franz Liszt, Zoltán Kodály y Béla Bartók, trascendentes por sus valiosas aportaciones al desarrollo de la música formal entre los siglos XIX y XX. Se sumó también una selección de las célebres Danzas húngaras, del alemán Johannes Brahms.

Hungría es en lo musical el marco de un folclor por demás rico, de gran originalidad rítmica y tonal que revela su naturaleza multiétnica, nutrida por elementos propios de ambas mitades de Europa, aunque incubada en entornos delimitados debido a cuestiones de acceso.

Pero su flexibilidad y vitalidad fue mejor apreciada hasta el siglo XIX, ante el interés que las expresiones regionales provocaron en el movimiento romántico. Entonces los compositores nacidos en dicho contexto emplearon aquél caudal que resultaba exótico, fascinante y contrastante para el resto de Europa, transitando paulatinamente de una estimación estética e identitaria a su estudio formal y objetivo.

Pero a pesar de su amplitud, la primera asociación simbólica que se hace de la música de aquél país tienen que ver con las Rapsodias Húngaras de Liszt. Una serie de 19 piezas para piano en las que con desbordante técnica y creatividad el autor se las arregla para presentar diversos temas extraídos de dicho folclor. En específico suele reconocerse a la segunda de estas piezas, por su empleo en numerosos productos audiovisuales en los que se ha modificado su sentido.

Pero estas apropiaciones imprecisas se dan sobre todo en el ámbito político, y de ello existe un ejemplo local, uno de esos ejercicios de zalamería y autocomplacencia que tanto gustan a algunos políticos.

En noviembre de 1999, con motivo de los 1000 años del Estado de los Magiares —grupo étnico predominante de la Hungría actual— el gobierno municipal de Guadalajara, encabezado por Francisco Ramírez Acuña renombró uno de los parques de la colonia Vallarta Norte como Jardín de la rapsodia húngara, tributo “a la amistad mexicana-húngara” y a las “famosas melodías del gran compositor Ferenc Liszt”.

Para la ocasión se compró la escultura “Hermanas unidas por la música en la paz” a la artista Gogy Farías, quien la presentaba en su catálogo desde algunos años atrás. La pieza representa a un par de jóvenes liberando a una paloma, sin que resulte clara su relación con la música, mucho menos con las rapsodias húngaras, de las que tampoco se ha sabido nunca que se asocien con algún anhelo de paz. Pero la apropiación jugó su papel, y se concretó a través de ese ensamble apresurado de elementos dispares que conforman un mensaje poco claro, que pasa más bien desapercibido.

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