Sábado, 19 de Junio 2021

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Mi querido San Miguel El Alto

Por: José M. Murià

Mi querido San Miguel El Alto

Mi querido San Miguel El Alto

Esa región que conocemos como Altos de Jalisco es admirable en muchos sentidos.

La condición de esforzados de la mayor parte de sus hijos, así como el ancestral apego de éstos a la tierra heredada de sus mayores y la defensa que han sabido hacer de ella, lo mismo que de sus tradiciones y valores particulares, los vuelve dignos del mayor respeto. Bien cierto es que, aparte de determinadas comunidades indígenas, tal vez no haya un sitio en México con una identidad tan claramente definida.

Sin embargo, lamentablemente, no faltan pelos en la sopa; casos excepcionales, si se quiere, pero asaz dañinos.

Uno de mis lugares predilectos es precisamente San Miguel: “Alteño a carta cabal”, dicen de él sus hijos y lo subrayamos quienes sentimos especial devoción por ese lugar. Por eso me duele sobremanera el atentado de que fue víctima recientemente el quiosco de su plaza principal…

Al parecer, San Miguel es un caso más de un pueblo mexicano gobernado por sus enemigos.

El referido quiosco es reputado por propios y extraños como uno de los más hermosos del país. Aparte de su belleza intrínseca, goza de la ventaja de haber sido construido por su propia gente y con materiales -en este caso cantera- de la propia región, con lo cual se logró una gran armonía con su entorno.

No en vano se le considera patrimonio cultural de la nación y/o podía muy bien serlo de la humanidad.

Antiguamente solían ser curas voraces quienes adulteraban sus iglesias en aras de una supuesta modernidad, que resultaba, al poco tiempo, del todo contraproducente.

Caso no tan reciente, del que puedo dar fe, resultó el del espléndido piso de mezquite de la parroquia de Atotonilco. No hubo poder humano que evitara su cambio por un mosaico barato parecido al de los baños públicos. Mientras era nuevecito, el resultado no fue tan malo, pero…

Los años pasaron e hicieron estragos que ahora degradan sobremanera la imagen del precioso templo.

¿Qué sucedió con el piso de mezquite? Pues por fortuna logramos rescatar una parte de él, ahora enaltece el salón de actos que antes fue la capilla de San José en el Museo Regional de Guadalajara. Una simple lijadita y una ligera capa de barniz dio un espléndido resultado: ¡Ahí está!

Afortunadamente hay en San Miguel ciudadanos conscientes y comprometidos que dieron la voz de alarma. El atentado criminal contra el quiosco fue detenido a medias por un INAH que dio muestras de eficacia, aunque el fin de semana que se atravesó no dejó de ser nocivo. Haber hecho las cosas sin permiso, quizá para medrar más, incrementará los costos y encima hay daños irreversibles.

La falta de consciencia histórica de muchos pertenecientes a la misma formación política que ahora gobierna San Miguel le ha dado ya muchas estocadas perjudiciales a Jalisco.

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