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Jueves, 20 de Septiembre 2018

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Mejor fuera callarse

Por: Armando González Escoto

Mejor fuera callarse

Mejor fuera callarse

Toda persona que en una democracia subdesarrollada o decadente opta por denunciar las tropelías, las incongruencias, los abusos, las corruptelas, la ineptitud crónica y la demagogia corre el peligro de cansarse, porque los sistemas políticos construidos para perpetuar en el gobierno todo este tipo de anomalías suelen ser bastante sólidos, y sus beneficiarios ni ven, ni leen, ni oyen, ni se inmutan, ni mucho menos se sienten aludidos, a ellos solamente les importa seguir lucrando pase lo que pase.

No obstante, la sociedad, que es la única que puede poner fin a este estado de cosas, se halla inmersa en otro colosal bloque del más poderoso concreto; tampoco ve, ni oye, ni lee, ni se inmuta, ni se siente aludida por todo lo que ocurre en la esfera política, solamente le importa seguir sobreviviendo para comer y divertirse, paga por todo y eso incluye pagar los impuestos que se le impongan, y una vez lo hace, se olvida del asunto. La sociedad se ha convertido en una comunidad de “zombies”, pálidos, cadavéricos, pintarrajeados, ojerosos, moviéndose mecánicamente, inconscientes de lo que hacen y de lo que les hagan, aturdidos, embotados, incapaces de reaccionar. Evidentemente esta condición de la gente ha sido provocada, promovida por aquellos que sacan provecho de un pueblo enajenado, manipulable, al que se le puede seguir embobando con las nuevas formas de prometer ideadas por la mercadotecnia política.

Y aun así, a pesar de este panorama decadente, sigue siendo importante denunciar, informar, advertir, educar. Esta tarea es semejante al trabajo silencioso y constante de la gota de agua que logra a fuerza de insistir, perforar la roca más dura.

Entonces hablemos de honestidad. En tiempos no tan lejanos fue una de las cualidades más apreciadas en el mundo de las relaciones humanas, profesionales y desde luego, en el espacio de la política. La honestidad es consigo mismo y con los demás, de otro modo no funciona, y es la capacidad, el valor de actuar de manera congruente, incluye la veracidad y muchas veces la sensata discreción.

Si lo ponemos en plano coloquial es deshonesto el burro que critica las grandes orejas de otros animales, y el cocodrilo que se burla de los hocicones ¿qué precandidato o candidato puede en este país criticar lo que han hecho o dejado de hacer otros gobiernos o partidos, si todos están cortados por la misma tijera? Lo honesto sería comenzar el discurso admitiendo los propios yerros, y desde esa postura de honestidad hacer propuestas.

En días pasados, ante el asesinato de un diputado en Tomatlán, un precandidato se lanzó en diatribas denunciando el fracaso del gobierno estatal en materia de seguridad, y quienes desde esta ciudad lo oímos nos preguntábamos ¿cómo puede una persona ser tan deshonesta? ¿Cómo puede criticar lo que el gobierno estatal no ha hecho, cuando este mismo funcionario acaba de dejar un municipio hundido en las manos de la delincuencia?

Y si no pudo resolver el problema prioritario de la ciudad, que es la desatada inseguridad ¿Cómo puede garantizar que la resolverá en todo el estado de Jalisco? ¿No sería mejor callarse?

armando.gon@univa.mx

YR

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