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Domingo, 09 de Diciembre 2018

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Más estrellitas en la frente

Por: Jaime García Elías

Más estrellitas en la frente

Más estrellitas en la frente

Es posible que la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) esté en la mejor etapa de su ya centenaria historia. Es posible que Marco Parisotto sea el mejor director activo actualmente en México. Como no hay criterios objetivos para comprobarlo, queden ahí, con la venia del lector amable, ambas hipótesis.

A la lista de estrellitas en la frente, que ya se va haciendo larga, se sumó el concierto del jueves pasado, cuarto de la Tercera Temporada 2018, en el Conjunto de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara. Sin ser precisamente un “tour de force”, el programa de la velada, conservador, confeccionado con muy buen gusto, permitió aquilatar, una vez más, el excelente nivel musical actual del ensamble.

De entrada, el Concierto para piano No. 1 en Re menor, Op. 15, de Brahms, con Alexéi Volodin -de gratos recuerdos por sus anteriores presentaciones en Guadalajara- como solista, propició el reencuentro con una de las joyas de todos los repertorios. Considerada como la primera obra sinfónica de largo aliento de su autor (hay quien la califica como una sinfonía con piano), la partitura lleva al oyente de la introducción, majestuosa, épica y un tanto trágica, al rico colorido sonoro del tercer movimiento, ágil, brillante, contagiosamente vital, pasando por el íntimo adagio intermedio. La interacción del solista con la orquesta fue impecable. Volodin confirmó que es un pianista poderoso cuando fue necesario hacer competir a su instrumento con las sonoridades intensas del ensamble, y refinado para proyectar, sobre todo, las delicadezas exquisitas del segundo movimiento. El solista correspondió a las ovaciones con el Intermezzo Op. 117. No 1, del mismo Brahms. Otra delicia.

En la segunda parte del programa, la batuta de Parisotto sacó partido a todo el potencial de la orquesta. Si en Brahms estuvo contenida, para no ahogar al  solista, con la Sinfonía No. 2 en Do mayor, Op. 61, de Schumann, llenó la sala -sin llegar a la estridencia- con el sonido del ensamble, y dosificó  magistralmente los matices. Como el segundo movimiento del concierto, el tercero de la sinfonía, particularmente, fue un portento de equilibrio. Y si el primero y el tercer movimiento del concierto fueron espectaculares, el cuarto de la sinfonía fue -los entusiastas aplausos del público lo demostraron- un formidable epílogo de la velada.

El programa se repite este domingo, a partir de las 12:30 horas, en el Teatro Degollado.

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