Jueves, 20 de Junio 2024

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Mañanera narcotizada

Por: Jaime Barrera

Mañanera narcotizada

Mañanera narcotizada

Pese a que como los últimos dos presidentes, la principal promesa de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue la pacificación del país, ni en su discurso de Presidente electo, ni de toma de posesión, ni en los informes trimestrales que han venido a lo largo de lo que va del sexenio, al Presidente le gusta referir el grave problema del narcotráfico y el creciente poder corruptor y de fuego del crimen organizado en México, principal factor generador de la crisis desbordada de inseguridad y violencia en el país.

En las más de mil mañaneras ha buscado también evadir siempre el tema y cuando se le cuestiona al respecto nunca le gusta profundizar y se limita a insistir que su estrategia de los abrazos y no balazos, y sus políticas sociales que atacan la causas de la violencia están dando resultados, cuando es evidente que no es así.

Podemos decir por ello que el Gobierno de AMLO optó al igual que su antecesor priista Enrique Peña Nieto (al que no toca ni con el pétalo de una mañanera, como a ninguno de los capos del narco, a los que se refiere como los señores) por desnarcotizar el discurso pensando erróneamente que con ello se resolvería el problema que se visibilizó como nunca en el sexenio del panista Felipe Calderón en la llamada guerra contra el narco, que ha quedado severamente desprestigiada por la detención de su zar antidrogas Genaro García Luna en Estados Unidos.

Lo cierto es que pese a todas las resistencias y estrategias de comunicación de distractores para que el tema del narco no fuera el dominante en el pilar del Gobierno 4T que es su rueda de prensa mañanera (huachicol, avión presidencial, Los Pinos, el perdón de España y un largo etcétera), la realidad se impuso y en las últimas tres semanas López Obrador ha tenido que hablar del narco en México por los constantes reproches del Gobierno y la clase política de Estados Unidos que se desataron luego del secuestro de cuatro ciudadanos estadounidenses y el posterior asesinato de dos de ellos en Matamoros, Tamaulipas. 

A esa oleada de cuestionamientos externos a la estrategia antinarco del Gobierno mexicano, y las exigencias de considerar terroristas a los cárteles mexicanos para poder combatirlos con sus agentes en suelo mexicano, por considerarlos la peor amenaza a su seguridad como lo dijo el viernes pasado la DEA, se sumó la semana pasado el reclamo de la comunidad jesuita que consideró un fracaso del combate contra la delincuencia organizada que hayan sido los sicarios de las mafias los que hayan eliminado a “El Chueco”, asesino de dos de los suyos en la sierra Tarahumara, uno de los muchos territorios dominados por el narco, fenómeno que el Presidente también negó la semana pasada. 

Lo cierto es que pese a que la ayuda a los pobres es la principal estrategia política de la 4T, según confesó el mismo Presidente, las desigualdades siguen ahí, y los jóvenes más pobres siguen siendo carne de cañón de las mafias. Aún pese a las fallidas políticas para debilitar su poder corruptor, el crimen organizado ha diversificado sus giros al robo de gasolina, el secuestro y el cobro de cuotas, entre otras actividades ilícitas, sin que la 4T y los gobiernos estatales y municipales atinen cómo enfrentar a estas mafias empoderadas por las complicidades, corrupción e impunidad que se dieron por décadas entre las autoridades y los principales líderes del narcotráfico en México.

La 4T no ha podido cambiar esta inercia criminal que ya narcotizó hasta el espacio más preciado y controlado del Presidente como es su mañanera. 

jbarrera4r@gmail.com
 

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