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Lunes, 20 de Agosto 2018

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Malos hábitos al volante. Primera parte

Por: Sergio Oliveira

Malos hábitos al volante. Primera parte

Malos hábitos al volante. Primera parte

Yo no sabía sentarme al volante de un auto, pero solo me di cuenta de ello en un curso de manejo de Mercedes-Benz, en Alemania, en 1998.

El instructor me pidió que me sentara como siempre lo hacía al manejar diariamente. Como la gran mayoría me sentaba yo demasiado lejos del volante. Mis brazos apenas lo podían sostener, pero era así que había aprendido. Manejar muy cerca, pensaba yo y aún piensa la gran mayoría de los conductores, es “cosa de viejitos”.

En el ejercicio había que acelerar y pasar entre dos conos a 120 km/h. A esa velocidad hacíamos una vuelta a la derecha e inmediatamente otra a la izquierda. La primera lo lográbamos, pero en la segunda si los conos fueran humanos nos hubiéramos metido a varias décadas de cárcel.

Luego hacíamos lo mismo pero sentados de la manera como él nos enseñaba: espalda pegada al respaldo, las dos muñecas arriba del volante y en esa posición los brazos deberían estar ligeramente doblados. Me sentía raro, incómodo. No le creí. Pero cuando tocó hacer la maniobra de nuevo lo logré sin problemas. En ese momento cambié para siempre mi forma de sentarme al volante.

¿Por qué es así?

Cuando nos sentamos más lejos del volante de lo que debemos, nuestro cuerpo no está en la posición correcta para sostenerse en el asiento y reaccionar a una emergencia. La mayor distancia nos fuerza a instintivamente usar el volante para sostenernos, perdiendo la capacidad de maniobrar. Si necesitamos hacer más de una maniobra, el accidente será prácticamente inevitable.

También es importante que las piernas no estén completamente estiradas cuando el pedal del freno esté completamente presionado. Un choque en ese caso mandaría su fuerza a nuestras articulaciones dañándolas tal vez de manera permanente. Si están dobladas, simplemente se doblan más y listo.

Pese a que casi todos tenemos este y otros malos hábitos, en muchos casos no es nuestra culpa. Porque en muchos casos nadie nos enseñó cómo hacerlo de forma correcta. Los accidentes, sus causas y la forma de evitarlos son objeto de estudio relativamente recientes, de los años 70 hacía acá. Desafortunadamente el aprendizaje de esas técnicas en la mayoría de los casos ha quedado en el llamado primer mundo.

Postura, vista y actitud

Este imperdonable retraso en las exigencias para formar nuestros conductores -en la Ciudad de México lo único que se pide para obtener una licencia es pagarla- no debe ser pretexto para no aprender y cambiar nuestros malos hábitos al volante. Y la postura debe ser el primero, pero no el único.

Otro muy importante es dónde mirar. De manera natural miramos lo que está inmediatamente frente al auto pero debemos poner nuestro foco mucho más allá, lo más lejos que se pueda. Esto nos dará un inestimable margen de maniobra para evitar un accidente. Tal vez no esté demás recordar que es mucho más importante evitar un choque que un bache.

Otro tema es la posición de los retrovisores. Casi todos ajustamos los espejos exteriores en un ángulo en el que parte del auto que manejamos se refleja en él, pero esto está mal. Desde ese punto debemos seguir abriendo el espejo hasta que nuestro auto desaparezca completamente de él.

Esto nos aumentará el campo de visión y reducirá mucho el punto ciego, en el que un auto en otro carril se “esconde” de nosotros y hace que muchas veces solo lo veamos después de hacer un cambio rápido de carril, lo que puede ser demasiado tarde. El espejo interior debe reflejar todo el medallón. Mirar a otros carriles es tarea de los exteriores.

Como la postura y la visión son solo el principio, trataré del tema en un par de entregas más, con la esperanza de que al menos una persona se de la tarea de investigar, aprender y cambiar de hábitos, lo que no solo puede salvar su vida, pero también la nuestra.

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