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Domingo, 16 de Diciembre 2018

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Llevar el teatro a los niños

Por: Iván González Vega

Llevar el teatro a los niños

Llevar el teatro a los niños

Para Raymundo, que vio a Isaac Hernández y sabe que los niños sí bailan ballet

De artistas como el canadiense-libanés Wajdi Mouawad hemos reaprendido que el teatro sirve para mirarnos a nosotros mismos. Una buena obra cimbra principios y prejuicios en un espectador: obliga a voltear a la butaca de al lado para mirar a un extraño y compartir su emoción y su inteligencia, y a salir luego del foro y preguntarse si no será posible extender esa fugaz comunión a nuestras hostiles calles tapatías. Mouawad tiene una famosa obra, “Incendios”, que propone que un sacrificio individual puede acallar el ruido y la furia de la guerra. Uno se pregunta si no tendríamos que leerla o verla todos los mexicanos tocados por el narco y la delincuencia callejera.

Este año en Guadalajara hubo varios momentos en que el teatro levantó la mano para decir: he aquí una forma del arte que aún sirve para contarnos cosas valiosas. Contra quienes creen que el teatro es elitista o pasó de moda, sencillas piezas como la antigua obra de Conchi León “Del manantial del corazón” o el sofisticado circo de Naga Collective con “Persona” ayudan a pensar de nuevo la conexión que tenemos con nuestros ancianos, nuestras madres, nuestro pasado o nuestros amigos.

Pero hay pocos esfuerzos tan loables —sin que su nobleza conlleve automática calidad técnica, claro está— como los del teatro comunitario con niños que por estos días presentan numerosos artistas de Jalisco. Buscan a los niños en sus colonias y barrios, trabajan con los elementos de su entorno y su expresividad, y los invitan a que construyan productos sencillos con recursos escénicos para presentarlos a otros como ellos.

Si en el teatro uno ofrece su intimidad, sin necesaria explotación morbosa sino más bien en aras de la sinceridad, vale la pena mirar lo que pasa cuando es un niño quien dice qué asuntos importan. Si en el teatro uno ofrece su atención irrestricta a los otros, que un niño se habitúe a respetar lo que otros tienen que decir anticipa una sociedad con un leve principio de convivencia. Si en el teatro se anima un diálogo sobre temas clave de una comunidad, ¿por qué no lo ponemos más seguido al servicio de los niños de Guadalajara?

El Festival Internacional Raíces para los Niños, cuya cartelera está vigente hasta el viernes 24 y está disponible en ajimaiz.com, y el Encuentro ¡Niños a Escena! que se celebró en Lagos de Moreno el fin de semana pasado, son testimonios conmovedores y estrujantes de que estos jóvenes ciudadanos quieren que el arte regrese a donde ellos están, que les permita hablar y que sus opiniones sean escuchadas. No siempre se encuentra todo esto en los espectáculos que hacen, sino en el modo en que se paran en escena, trabajan en grupo o transforman su entorno.

De manera que quizá el teatro deba preocuparse un poco menos por si hay público o no en esta ciudad. Hay gente esperando a que los artistas los reconozcan como público no atendido: hay que ir a buscar a los niños allá, a donde viven, para darles oportunidad de que hablen, se encuentren, se escuchen y se miren. No todos pueden pagar boletos, pero todos merecen que el teatro vaya a encontrarlos. Quizá sirva para revalorar un poquito la paz, el respeto y hasta la cortesía. Quizá para eso sí sirva el teatro aquí y ahora, en Guadalajara.

Carteleras: agoragdl.com.mx

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