No importa lo fuerte que sea un capo todos tienen un lado débil y un flanco fuera de control, una especie de punto ciego que les resulta imposible controlar porque tiene que ver con el lado humano de todo delincuente.El punto débil es la familia. Desde la captura de Pablo Escobar, el delincuente más famoso de las últimas décadas, se hizo famoso el método de las policías de cercar al objetivo presionando a la familia. Desde entonces parte de la estrategia es intervenir, “alambrear”, las comunicaciones de la o las mujeres del capo en cuestión que, por razones obvias, tienen menos códigos de seguridad que los capos y porque ellas son las únicas personas a las que siempre les van a tomar la llamada. La captura de Rosalinda N, esposa de Nemesio Oseguera, más allá de los delitos que ella haya cometido, tiene como objetivo presionar al capo, ponerlo en una situación complicada; no puede dejarla a su suerte, tendrá que tomar acciones y decisiones y esa es una forma de hacerlo literalmente salir del escondite, de hacerlo visible.El flanco fuera de control son las pugnas internas. No ha habido cartel que no se divida. El más estable ha sido el de Sinaloa y aún en él han habido divisiones y escisiones que lo han debilitado. “El Mencho” está siendo víctima de sus propios métodos. Fue él junto con Eric Valencia “El 85” los que traicionaron a quien era su jefe, Oscar Nava Valencia “El Lobo” y se aliaron al cartel de Sinaloa. Poco después cayó “El Chapo” y Eric Valencia terminó también preso acusado de la matanza de Boca del Río (dejó 26 cuerpos mutilados frente a una reunión nacional de Procuradores en Boca del Río). “El Mencho” desconoció los acuerdos con sus antiguos aliados y comenzó a crecer a sus anchas y con su lógica hasta que hace poco más de un año se topó con la horma de su zapato: su principal operador, “El Cholo”, se le enfrentó tal como él lo hizo con “El Lobo”. Con lo que no contaba era con que ya libre Caro Quintero que, de acuerdo con la DEA está operando nuevamente para el cartel de Sinaloa, y con la reciente liberación en enero pasado de “El 85” los tres harían un frente contra él.Todo parece indicar, pues, que ya le encontraron su lado débil y que los días de “El Mencho” como el gran capo del sexenio están por extinguirse; es muy probable que lo detengan antes de que termine el Gobierno de Peña o que sea el primer trofeo del próximo presidente. La pregunta es si eso cambia algo, más allá de la violencia intrínseca que generan este tipo de reacomodos. La lógica de sustitución de capos como política de seguridad ha sido uno de los grandes fracasos. O bien, lo dejo en el aire, los capos van y vienen y otro, u otros, la mano que mece la cuna, siguen siendo los verdaderos ganones de esta absurda política de seguridad.(diego.petersen@informador.com.mx)