Viernes, 24 de Septiembre 2021

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Las batallas por la memoria

Por: Diego Petersen

Las batallas por la memoria

Las batallas por la memoria

Las batallas por la memoria son ideológicas y son las ciudades y los libros de texto los campos donde se manifiestan con mayor claridad. Quién define a los héroes, cómo se cuenta la historia, qué significan las palabras, cuál es el lugar de cada uno, qué es lo que merece ser recordado, quién venerado y quién olvidado.

El destierro de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma, de la glorieta que llevó su nombre durante décadas, es solo una acción más de la guerra más significativa que ha librado este gobierno: la guerra contra el pasado. Un gobierno que se ve a sí mismo como una nueva etapa, como una transformación, necesita un nuevo relato histórico. Primero fue la carta a los reyes de España exigiendo disculpas. Luego el cambio de nombre al árbol antes llamado de la noche triste y ahora de la noche victoriosa. Siguió el cambio del aniversario de la Conquista por el de la resistencia indígena. Ahora Colón sale de su lugar de privilegio, uno de los puntos más importantes de la ciudad, para dejar paso a la cabeza de una mujer indígena llamada Tlali.

Nada hay de extraño en todo este movimiento. Baste recordar que con la llegada del PAN al poder primero en los estados y luego a la presidencia de la república las calles Manuel Gómez Morín y las estatuas de Manuel Clouthier se multiplicaron en todas las ciudades, y antes de ello el régimen emanado de la revolución mexicana estandarizó el santoral de la Patria con bustos, monumentos y nombres de las calles en todo el país. Como los perros machos, los políticos marcan territorio.

La pregunta, en todo caso, es dónde queda el derecho de los ciudadanos, cuáles son los límites del poder frente a esas trazas de la memoria que son las ciudades. Algunas, entre ellas la ciudad de México, tienen limitaciones legales para evitar que los cambios de gobierno impacten en el patrimonio, desde lo más sencillo que son los nombres de las calles, hasta los monumentos y edificios. Evidentemente no les importa.

Muchas barbaridades se han cometido en nombre de la historia, desde honrar a impresentables hasta, lo peor, borrar a quienes son incómodos para un régimen específico, sea de izquierda o derecha, de un partido u otro. Las ciudades son la marca más profunda y resistente de la historia y aunque traten de olvidar, de no recordar lo que les avergüenza, más temprano que tarde saldrá a la luz con nuevas interpretaciones y sentidos. El Templo Mayor es quizá el ejemplo más claro.

Somos lo que recordamos y la ciudad estará siempre ahí para que no olvidemos.

diego.petersen@informador.com.mx

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