Martes, 18 de Enero 2022

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La violencia y los militares

Por: Daniel Rodríguez

La violencia y los militares

La violencia y los militares

A pesar de que en nuestra entidad nace y opera el Cártel Jalisco Nueva Generación, el gobernador Enrique Alfaro pidió ayer al presidente López Obrador reforzar la vigilancia en los límites con Zacatecas, Guanajuato y Michoacán, donde se concentran otros grupos delictivos y se generan violentos enfrentamientos. Sin embargo,  a pesar de los operativos y contingentes militares -que tienen además de la seguridad muchisimas otras responsabilidades en el país-, la situación en algunas regiones de nuestro estado y sus perímetros se ha vuelto incontrolable, lo que colabora para que los índices de asesinatos violentos se incrementen de manera notable.

Desde el primero de diciembre de 2018 hasta octubre de este año, las cifras oficiales -en voz del presidente López Obrador durante su reciente informe de mitad de camino- en el país se han registrado 84 mil 710 homicidios dolosos. Pero si esa cifra es tan verdadera y auténtica como los fallecidos por la pandemia, entonces no es cierto. Y en eso coinciden muchos sectores y es casi seguro que los fallecidos de manera violenta superan los 100 mil, convirtiéndose en la administración más violenta.

Y el presidente dijo sobre este asunto en su informe reciente, “nos la dejaron muy arriba, tuvimos primero que contener el avance y ya vamos, poco a poco, disminuyendo la incidencia de este tipo de delitos”. ¿Disminuyendo?. Esa no se la  creyó ni el peluquero que va cada semana y que convierte en barbería la oficina principal de Palacio Nacional.

Se cumplió el tercer año y se continúan acumulando récords de homicidios, y la promesa de regresar a los militares a sus cuarteles chocó con una realidad muy diferente, y quedó solo en eso, en una promesa.

Sin embargo, a pesar de haber dejado al ejército para ‘reforzar’ la vigilancia y disminuir que la sangre corriera más, la intención y el panorama es diferente. No se ha cumplido con el supuesto objetivo que era de velar por la seguridad pública, y por el contrario, los quehaceres castrenses han sido enfocados en otras tareas como de construcción -aeropuerto de Santa Lucía, Tren Maya, sucursales del Banco del Bienestar, etc,- comprar y repartir insumos médicos, administrar puertos y aduanas, y ahora hasta de supervisores de las inversiones como miembros del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación -hágame usted el favor-.

Los últimos datos oficiales dados a conocer por la misma Secretaría de la Defensa Nacional (20 de mayo del 2020), el Ejército y la Fuerza Aérea tenían un efectivo real de 165,454 militares, la Secretaría de Marina 52,333 y la Guardia Nacional 104,695, sumando un total de 321,482 elementos.  Es una fuerza humana y material que no solo está dedicada a las labores que la Constitución les confiere, sino también a las funciones extras que el presidente les asigna y que llevan posiblemente otras ‘intenciones’.

El 5 de febrero de 2019, cuando en el Senado mexicano discutía la reforma constitucional que daría vida a la Guardia Nacional, como un cuerpo de formación militar y dependiente de la Secretaría de Defensa, el New York Times ya anticipaba y  pronosticaba que “esto es un tiro sin retorno” y con elevados riesgos.

Y pasó el tiempo y todo lo pronosticado se ha cumplido, con un ejército ‘entremetido’ en tareas ajenas, con facultades de investigación en áreas que no son de su ‘incumbencia’, sin controles transparentes de rendición de cuentas y obligaciones, que además ignora los mandatos constitucionales.

Analistas y organismos internacionales ya han lanzado alertas, como sucedió en abril de este año cuando Guillermo Fernandez-Maldonado, representante de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones, dijo que “la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública y proyectos del gobierno generan preocupación”.

Así que, mientras el ejército enfoca sus baterías en la industria de la construcción, supervisión de puertos y aduanas y hasta de vigilancia de presupuestos, la violencia se incrementa a niveles históricos y crece la preocupación por la injerencia militar en sectores que no le corresponden. ¿Usted, qué opina?

daniel.rodriguez@dbhub.net

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