Martes, 02 de Junio 2020
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La violencia que no cede

Por: Diego Petersen

La violencia que no cede

La violencia que no cede

En medio de las noticias del coronavirus y la negación del presidente para ver la crisis que se avecina, pasó casi desapercibido que durante el mes de marzo la violencia en el país repuntó y tuvimos el peor mes en muertes violentas de lo que va de la administración del presidente López Obrador, con 2,585 asesinatos en 31 días. Si bien esta cifra es preliminar y la oficial la conoceremos hasta el día 20 de este mes, sabemos por experiencia que son cifras muy similares. Con este cierre al mes de marzo, el resultado del trimestre, dicho por el propio presidente en el micro informe del domingo, es apenas 0.3 por ciento menos que el del primer trimestre de 2019, cuando no había Guardia Nacional, “la estrategia” apenas comenzaba y lo que nos pedían era confianza y tiempo.

El argumento que esgrimen las autoridades para explicar el fenómeno es, curiosamente, exactamente el mismo que en tiempos de Calderón; no es todo el país, son solo cinco estados los que concentran la mitad de las víctimas (sigo pensando que para ser tan distintos se parecen demasiado). Ahora son Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Chihuahua y Baja California, pero antes eran otros y algunos de estos estados que habían logrado contener la violencia, como Chihuahua y Baja California, regresaron al cuadro de horror. Esto es, claramente la violencia se desplaza a los lugares donde hay conflicto. En algún momento fue Guerrero y Morelos, en otro Nuevo León y Tamaulipas. Decir, pues, que son cinco estados los que concentran la mitad de los asesinatos es simplemente advertir cómo se mueve el foco de tensión del crimen organizado. Pero lo más grave es que el dato de cuáles son los estados más violentos no se transforma en políticas públicas ni en acciones. El Gobierno federal dice que ahora sus prioridades son Guanajuato y Jalisco, pero no hay un proyecto específico para estas dos entidades que llevan más de un año siendo el foco de la violencia en el país. 

Pasan los meses y los plazos que puso el presidente se cumplen sin que haya una mejora en la seguridad

Pasan los meses y los plazos que puso el propio presidente se cumplen sin que haya una mejora sustancial en la seguridad. Más aún, pasan los meses y queda cada día más claro que la estrategia del Gobierno federal para combatir la inseguridad se reduce a una Guardia Nacional que no termina de nacer, sigue atada por el cordón umbilical al ejército y no parece evolucionar con la rapidez y la fortaleza que nos prometieron. Pero lo más grave, la violencia no baja y decir que se logró contener (que en español significa no hemos podido contra ella) no es, desde donde se vea, un resultado positivo.

diego.petersen@informador.com.mx

 

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