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Martes, 22 de Mayo 2018

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La retórica inmortal

Por: Armando González Escoto

La retórica inmortal

La retórica inmortal

En 1983 el inmortal líder de la CTM, que sin embargo sí se murió, declaraba la “impostergable necesidad de impulsar la democratización integral del partido, que es clave de la democratización de la sociedad, la base de la interlocución legítima y el requisito para combatir con éxito el burocratismo y la corrupción”, así se expresaba Fidel Velázquez, quien por cuarenta años se especializó en dos cosas: pronunciar discursos por el estilo y trabajar intensamente para que de ninguna manera sucediera en los hechos lo que con las palabras se expresaba.

Treinta y cinco años después ni se ha democratizado el Partido Revolucionario Institucional, al que don Fidel pertenecía, ni se ha democratizado la sociedad, ni hay interlocución legítima, mientras que sí ha crecido muy notablemente el burocratismo y la corrupción. Aún más, cuanto nuevo partido ha surgido ha igualmente sucumbido ante esos vicios, todo el tiempo denunciados, todo el tiempo compartidos, y todo el tiempo bastante bien usufructuados.

No creo que México sea el único país donde la retórica sofista, es decir el arte de engañar y seducir con el discurso, tenga tanto poder, pero debe ser uno de los que más se han destacado en este difícil arte.
La presente “pre” campaña, o campaña anticipada, nos ofrece un muestrario bastante amplio de lo que significa el discurso retórico, particularmente cuando “pre” candidatos que ya ejercieron un cargo público y ahora buscan otro, son cuestionados acerca de los pendientes que han dejado de cumplir, un ejemplo es justamente el tema de la seguridad: si al aspirante le dicen que en su mandato anterior no pudo resolver el asunto de la delincuencia, dirá que “el ejercicio de las autoridades municipales en lo que mira a la seguridad ciudadana está firmemente orientado a la prevención del delito, tarea en la que ha demostrado con números fehacientes resultados encomiables”, pasando enseguida a citar la crecida cantidad de delincuentes capturados por la policía, para enseguida aclarar que no obstante, las autoridades judiciales los dejan luego en libertad, por lo cual no es a su gobierno al que compete la responsabilidad, sino a quienes los liberan de inmediato, en otras palabras, el juego de ping pong en toda su expresión.

Desde luego se les escapa, o no se les cuestiona, acerca de que la delincuencia no se reduce ni mucho menos a los ladrones de celulares o carteras, que existe toda una superestructura delincuencial que favorece, protege y blinda a las bandas delincuenciales, y que dichas organizaciones no son tocadas por autoridad alguna, asunto sobre el cual los “pre” candidatos al parecer no tienen nada que decir.

Afirmar que la policía cumple arrestando por el hecho de que efectivamente si arresta a muchos no es suficiente toda vez que la ciudadanía es testigo todos los días del involucramiento de no pocos agentes del orden que reciben sobornos aquí y allá para no ver el tráfico de drogas, para levantar mal un acta, para dejar ir a un delincuente “pesado” o un sinfín de cosas que los medios de comunicación han informado repetidamente. No es con retórica que se genera la confianza de la ciudadanía, sino con hechos verificable.

YR

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