Jueves, 30 de Junio 2022

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La polémica sobre la interrupción del embarazo irrumpe en la agenda electoral de Estados Unidos

Por: Luis Ernesto Salomón

La polémica sobre la interrupción  del embarazo irrumpe en la agenda electoral de Estados Unidos

La polémica sobre la interrupción del embarazo irrumpe en la agenda electoral de Estados Unidos

En 1970 Jane Roe (un nombre ficticio utilizado en los documentos judiciales estadounidenses para proteger la identidad del la actora del juicio) presentó una demanda contra Henry Wade, el fiscal del distrito del condado de Dallas, donde residía, impugnando una ley de Texas que ilegalizaba el aborto salvo por orden de un médico para salvar la vida de la mujer. En su demanda, Roe alegó que las leyes texanas eran inconstitucionalmente imprecisas y que restringían su derecho a la intimidad personal, protegido por las enmiendas constitucionales. El tribunal decidió entonces que la Constitución protegía a la mujer contra la acción del Estado respecto a su derecho a la intimidad, y por tanto el derecho de una mujer a elegir abortar entraba dentro de ese derecho a la intimidad. La sentencia consideró que una ley estatal que prohibía ampliamente el aborto sin respetar la etapa del embarazo u otros intereses violaba ese derecho. Consideró que aunque el Estado tiene un interés legítimo en proteger la salud de las mujeres embarazadas y la “potencialidad de la vida humana”, el peso relativo de cada uno de estos intereses varía a lo largo del embarazo, y la ley debe tener en cuenta esta variabilidad. De esta forma se determinó que dentro del primer trimestre del embarazo, el Estado no puede regular la decisión del aborto; sólo la mujer embarazada y el médico que la atiende pueden tomar esa decisión. En el segundo trimestre, el Estado puede imponer regulaciones sobre el aborto que estén razonablemente relacionadas con la salud materna. En el tercer trimestre, una vez que el feto alcanza el punto de “viabilidad”, un estado puede regular los abortos o prohibirlos por completo, siempre que las leyes contengan excepciones para los casos en que el aborto sea necesario para salvar la vida o la salud de la madre. Este criterio interpretativo de la Constitución de nuestros vecinos ha sido determinante para interpretar el alcance del derecho a la intimidad durante más de 50 años. A lo largo de estas décadas la disputa política ha sido intensa entre las fuerzas conservadores y los liberales. La semana pasada la publicación politico.com publicó una filtración de un proyecto de resolución de la Corte Suprema de aquella nación en donde se planteaba revertir el contenido de la resolución del famoso caso Roe vs Wade, lo que provocó un enorme escándalo. Primero porque es inaudito que se filtren los proyectos de resolución de los jueces que no han sido aun votados definitivamente, y porque desvelaba un golpe de timón en la disputa sobre el aborto.

Aun no se sabe si el proyecto firmado por el juez Alito que propone revertir el criterio contará con la mayoría, pero el impacto en la opinión pública ha sido enorme, de tal forma que la agenda de la retórica de la campaña electoral para la elección de medio camino del próximo mes de noviembre en Estados Unidos ha cambiado. Efectivamente antes de la filtración el eje del debate era la migración y la seguridad relacionada con la guerra en Ucrania, pero repentinamente las fuerzas liberales se movilizaron para defender los derechos de intimidad garantizados por el criterio de la resolución Roe vs Wade. El propio presidente Biden y un conjunto de líderes demócratas han tomado posiciones en el tema que ahora se convierte en una cuestión esencial en el debate partidista. El hecho puede beneficiar al voto demócrata a condición de que se mantenga el tema y se consolide la defensa del derecho de las mujeres en torno a las posiciones liberales.

Sin duda el contexto en el que se debaten esos derechos ahora son mucho más proclives a la defensa de la autonomía de las mujeres de lo que eran hace 50 años y seguramente puede revivir la vieja división ideológica, ligada a criterios teológicos y políticos que pierden consenso en las nuevas generaciones en el mundo.

La irrupción del tema es una muestra más de la enorme volatilidad en la construcción de la narrativa de la actuación pública que en cuestión de meses ha viso cómo pasamos de la tensión de la pandemia a la preocupación por la inflación, la guerra y la reconfiguración del poder militar en el mundo, y ahora el debate sobre el aborto.

Desde México queda claro cómo estos asuntos pueden repercutir en mayor o menor medida en el tratamiento de nuestra agenda propia, que también ha pasado de la pandemia a la economía, la perspectiva electoral y por supuesto el derecho de las mujeres a decidir plenamente su proyecto de vida.

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