Martes, 07 de Julio 2020
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La desesperanza de México

Por: José Ignacio Rasso

La desesperanza de México

La desesperanza de México

No fui de los que votaron por Andrés Manuel López Obrador, pero reconozco que el discurso y las  causas que defendía eran las correctas. Reconozco la voz que representa y el brazo en alto que generaba esperanza; un movimiento que fue sumando distintas voluntades, honestas, necesitadas y críticas. Pero que también arrastró a muchos oportunistas y feligreses que no cuestionaban al nuevo mesías. La premisa era la correcta: Dar prioridad a los más pobres y a la desigualdad social.

Así fue construyendo un lugar idílico en la mente de millones de mexicanos, logró alcanzar a muchos escépticos en su primer discurso como presidente electo, contagió su sueño y generó una gran y peligrosa expectativa.

Hoy, encuentro un presidente perdido, un jefe de Estado soberbio que vive observando la realidad de reojo, creyendo, que si ignora lo que sucede, no caerá su mundo mágico. Un proyecto de Nación que se basa en repetir mil veces sus sueños y esperar que por contagio, a base de repetir las mismas frases, México será mejor. Un proyecto de papel, un ensayo, una epístola de buenos deseos.

Un mundo de palabras que carece de argumentos y sentido práctico de cómo hacer las cosas sin darse un tiro en el pie o sin dejar en evidencia su incapacidad o sus resentimientos. Porque aunque repita “Abrazos, no balazos”, “Sereno moreno” “Aquí se respeta el derecho a disentir” y “No es mi fuerte la venganza”, en los actos no puede evitar que en su mirada, en su tono de voz y en su discurso, estén llenos de viejas heridas que no logra contener y entonces arremete a descalificar, denostar y contratacar a todo quien lo cuestiona. Si no estás con él, estás en contra; eres un adversario, un vendido.
 
Puedes llevar pruebas como en el caso Bartlett, Notimex, la “curva” del Dr. Gatell o el aumento de la violencia familiar y lo que tendrás del Ejecutivo Federal, es el escudo perfecto que se han construido: “Nosotros tenemos otros datos” “Todo es culpa del neoliberalismo rapaz” o “Medir el PIB está en desuso”.
 
Estoy convencido que muchos que votaron por él esperaban más de sus palabras y de su habilidad para lograr consensos por el bien de todos. Porque podemos estar de acuerdo en que el proyecto neoliberal ha causado mayor desigualdad y concentración del capital en el mundo, pero eso no es justificación a sus malas decisiones ni tampoco a su actitud de “todo poderoso”
 
Podemos enlistar una cascada de ocurrencias disfrazadas de iniciativas de ley para colocar las piezas que soñó hace 30 años. Una serie de ideas erráticas, improvisadas o arcaicas que responden al aplausómetro de su corte; una especie de suerte en la que sueltan buscapiés esperando reacciones, “quién chicle y pega”. Lanzar los dados, como lo hizo el presidente de Morena, buscando que el INEGI obtuviera facultades para medir la riqueza y el patrimonio personal, pero no pegó. Lanzar nuevamente los dados poniendo en riesgo los fidecomisos como Fidecine, Fonden, entre otros y esperar la reacción, no pegó. Aventar la moneda al aire esperando que los investigadores del Conacyt hicieran donaciones voluntarias… No pegó.

En otros casos, guardó su suerte, guardó los dados y buscó recovecos en la ley para dar adjudicaciones directas o decretos para militarizar la seguridad pública. A pesar de ir en contra de todo lo que había criticado de los gobiernos anteriores y en contra de los principios de la izquierda democrática que tanto nos quiso vender. Cancelar programas como las estancias infantiles, cancelar los contratos con empresas privadas para la generación de energías renovables y limpias, recortar el presupuesto a las defensoras de la violencia de género, entre muchas más.

También estamos de acuerdo en que era fundamental fortalecer los programas sociales y atacar la corrupción, pero ¿por qué hacerlo pasando por encima de todos los que pudieron ser sus aliados? ¿por qué empeñarse en alejarse de sus principios? ¿por qué censurar hasta a los miembros de su propio gabinete? ¿por qué ignorar que los años han pasado y el petróleo no es el futuro e inyectarle dinero a Pemex es robarle la supervivencia a sus propios proyectos sociales?

Sí, la autodenominada Cuarta Transformación parece hoy un rompecabezas desordenado que se veía muy bien en la caja antes de abrirse, pero que al momento de abrirla, lo que realmente estaba dentro, era un calidoscopio revuelto de ideas sin saber lo que iba a aparecer.

Y lo más preocupante es ver que en el fondo y hasta en la forma, el Presidente cree que ha tomado buenas decisiones, para ellos ése es el verdadero cambio y es el camino correcto. A pesar de estar cavando nuestra tumba económica, traicionando sus principios y sumando, según datos de Coneval, más de 10 millones de pobres.

Para terminar, quiero confesar que nunca me gustó que se apropiaran del término la “Esperanza de México” pues como diría Cortázar: “La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”, defendiéndose de los malos gobiernos, de la suerte de los dados y de nosotros mismos.

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