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Sábado, 15 de Diciembre 2018

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La Indefensión

Por: Pablo Latapí

La Indefensión

La Indefensión

La noticia el fin de semana del deambular de un tráiler cargado de cadáveres por varios municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara relegó y prácticamente mandó a un segundo plano otras noticias igualmente impactantes por el sentido profundo de lo que está pasando en el país, y particularmente en Jalisco.

Una de esas noticias, que podría ser vista como el desenlace fatal de un altercado de tránsito, nos llama poderosamente la atención. El conductor de un camión de paquetería, después de una discusión y un desencuentro con los dos tripulantes de una motocicleta, murió víctima precisamente de un disparo. Al parecer, tanto al chofer del camión como a los motociclistas les ganó la calentura del pleito y llevaron el altercado más allá de las amenazas y los cerrones, y llegó el momento que uno de los tripulantes de la moto de plano se bajó, sacó una pistola y le disparó al chofer.

Murió ahí mismo.

De terror.

Cuesta trabajo creer que alguien pueda perder la vida así, “tan fácil”, y que además sea una historia que podría repetirse y repetirse porque jamás se dará con los tripulantes de la moto (es más; difícilmente se intentará dar con ellos) y podrán seguir con su vida cotidiana con total impunidad y con el riesgo de repetir su acción, porque ni la ley, ni el aparato de justicia del Estado, intentarán ponerles un alto.

Es la falta total del estado de Derecho.

Es una situación idéntica a la que se vive, por ejemplo, en un país en guerra. Nos tocó vivirlo como reporteros durante la ocupación de Estados a Unidos en Iraq a la caída de Saddam Hussein. Si bien el Ejército norteamericano patrullaba las calles lo hacía a la distancia, ocupado en que no hubiese leales a Hussein, pero sin intervenir en casos de delitos como robos, asaltos o peleas callejeras.

En Jalisco hechos como el del camión de paquetería es el precio de tener todo un aparato de justicia que castiga únicamente uno de cada cien delitos. El resto queda en total impunidad. La probabilidad de que un delincuente sea detenido y castigado es mínima, por lo que resulta incluso un buen negocio ser malandrín, ya que al parecer se tienen menos riesgos que alguien que emprende un negocio legal.

Por bien intencionados que lleguen los “nuevos” gobiernos, tanto a nivel estatal como nacional, se antoja difícil el recomponer esta situación. La impunidad también ha significado no castigar a funcionarios corruptos ni a quienes omiten precisamente aplicar el estado de Derecho.

La gran paradoja del Estado mexicano es que destina cantidades millonarias de presupuesto para sostener procuradurías, ministerios públicos, jueces y juzgados, para que al final del camino reciban de calificación uno, en una escala del uno al cien.

Mucho menos que reprobado.

Y mientras tanto, la ciudadanía, usted y yo, vivimos sencillamente en la indefensión.

Todos estamos expuestos.

Pablo Latapí
(platapi.en.i@hotmail.com)

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