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Lunes, 22 de Octubre 2018

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La Asociación Sindical de Jugadores Mexicanos de 1971

Por: Raúl Romero

La Asociación Sindical de Jugadores Mexicanos de 1971

La Asociación Sindical de Jugadores Mexicanos de 1971

Según una frase famosa, “la historia no siempre se repite, pero muchas veces rima”. Con la reciente creación de la Asociación de Futbolistas Mexicanos y el caso de Oswaldo Alanís es imposible dejar de recordar la efímera Asociación Sindical de Jugadores Mexicanos creada en 1971, un intento innovador cuyo destino se decidió en un solo mes.

Aunque Carlos Albert y Antonio Mota, ambos del Necaxa, eran dos de las figuras más visibles de ese sindicato, el comité directivo tenía una importante presencia tapatía. De él formaba parte el rojinegro Gamaliel Ramírez, uno de los principales artífices del movimiento, así como tres jugadores de las Chivas: Gregorio Villalobos, Javier Valdivia y Arturo “Cura” Chaires.

A inicios del mes de octubre, parece inminente que los jugadores irán a huelga como protesta por los despidos de los futbolistas afiliados, pero los dueños de los clubes actúan con prontitud. El 6 del mes, tras “una reunión extraurgente” los propietarios anuncian que no es posible ofrecer un contrato colectivo de trabajo, una de las peticiones del sindicato, argumentando que el de los futbolistas es un “un trabajo profesional de tipo especial e individual”.

Ante los primeros signos de presión, comienzan a formarse grietas en la unión de los futbolistas. El 10 de octubre, el Club Jalisco anuncia que sus jugadores se declaran desafiliados del nuevo sindicato “después de un cordial diálogo entre jugadores y directivosa del club”.

En esos días, Gamaliel Ramírez revela a EL INFORMADOR que en Atlas “se les indicó a los jugadores que por ningún motivo se aceptarían jugadores sindicalizados porque lo que pedían era risible”.

Arturo “Cura” Chaires, del Guadalajara, narraba el tratamiento que recibieron la mayor parte de los jugadores sindicalizados de Chivas. “Se nos contestó que estábamos en calidad de ‘transferibles’ y que si no éramos comprados por otro equipo, se nos pagaría medio sueldo. Además, que no era obligación que fuéramos al club, que cuando fuéramos a cobrar lo hiciéramos por afuera, sin entrar”.

El 12 de octubre, los futbolistas mexicanos de la capital del país finalmente declaran la huelga, que sólo dura tres horas y 15 minutos. A las 12:00 se colocan las banderas rojinegras en las instalaciones de Atlante y Necaxa y a las 15:15 se hace oficial el desistimiento de la Asociación de jugadores ante las autoridades de previsión social y el abogado Rafael Lebrija, apoderado de los equipos.

Aunque los jugadores involucrados parecen no darse cuenta, han perdido la batalla y también la guerra. Para el 21 de octubre son siete los equipos que se han desafiliado oficialmente del sindicato: UNAM, Toluca, Veracruz, Pachuca, Jalisco, Atlas y Torreón.

Otro golpe decisivo llega sólo un día después, cuando el Club Guadalajara anuncia que sus jugadores se desvinculan de la asociación. “Siendo las prestaciones superiores al pliego de peticiones de los sindicalizados, cada uno de los futbolistas rayados firmaron su desafiliación al sindicato”, explican.

A finales de octubre, a sólo unos días del inicio del campeonato 1971-1972, el sindicato de futbolistas y la posibilidad de huelga son dos sobresaltos ya superados.

Los jugadores jaliscienses más prominentes en el sindicato corrieron suertes diversas. Gamaliel Ramírez continuó jugando con el Atlas en la Segunda División y después emprendió una carrera política. Gregorio Villalobos y Arturo Chaires, del Guadalajara, se retiraron ese 1971, mientras Javier Valdivia lo hizo un año después, jugando para el Jalisco.

Como queriendo asegurarse de apagar hasta el último rescoldo del intento sindicalista, el Necaxa, donde jugaban Mota y Albert, dejó de existir y se convirtió en el Atlético Español.

Tendrían que pasar 20 años para el regreso de los Rayos y 45 para volver a ver un intento serio de formar ya no un sindicato, sino una asociación de futbolistas, que aún está en vías de afirmarse; todavía no es posible descartar que su destino pueda acabar “rimando” con el de su antecesor de 1971.

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