Jueves, 09 de Octubre 2025

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Jalisco 200 años, ¿qué festejamos?

Por: Rubén Martín

Jalisco 200 años, ¿qué festejamos?

Jalisco 200 años, ¿qué festejamos?

Como golpe de autoridad y por intereses políticos, el Gobierno del Estado que encabeza Enrique Alfaro Ramírez decidió imponer que los jaliscienses deberíamos entusiasmarnos en celebrar que Jalisco cumple 200 años como Estado “libre y soberano”. El Gobierno pretende presumir, y capitalizar políticamente, que Jalisco fue la primera entidad del México independiente que se proclamó a favor del federalismo y no del centralismo en la organización del Estado que surgió luego de la Independencia del colonialismo español.

Si bien es cierto que la clase gobernante de hace 200 años tomó esa ruta, hay que recordar que los protagonistas, entre ellos Luis Quintanar, provenían en su mayoría de las clases políticas y militares coloniales, y que la ruta a favor del federalismo era más que una apuesta por una sociedad realmente libre y soberana, una jugada política en contra de las fuerzas centralistas de la capital del país.

Me temo que la jugada de Enrique Alfaro por la gran celebración de los 200 años de Jalisco “libre y soberano” se trata, más que nada, de la tercera apuesta política por una narrativa y propaganda de un proyecto político luego de que fracasaron sus intentos de popularizar las narrativas de la Refundación y del Federalismo fiscal.

Ahora apostaron por la celebración ostentosa de los 200 años del Estado libre y soberano de Jalisco en la que se quiere imponer, de modo vertical y autoritario, que los jaliscienses veneremos un himno y honremos una bandera que pocos conocemos y respetamos.

El himno escrito en 1981 por Moisés Guerrero López está dominado por una narrativa bélica decimonónica. Básicamente el himno pide a los jaliscienses enlistarse en el ejército para enfrentarse a enemigos desconocidos de la patria chica. Es una oda militarista y machista que debería avergonzar todas las luchas y esfuerzos por combatir la violencia patriarcal hegemónica en dos siglos.

Un ejemplo: “¡Oh, Jalisco, tu noble hidalguía / Prometemos con celo guardar / Pues tu gente valiente y bravía / Son pilares de tu dignidad!”. Como si nos hiciera falta exaltar valores militaristas en estos tiempos trágicamente violentos que estamos atravesando.

Mas allá de las intenciones políticas que tiene el actual grupo en el poder para esta celebración, el fondo se revela en los boletines oficiales. Por ejemplo, un comunicado emitido por el Poder Ejecutivo estatal el jueves 15 de junio, señala: “El conmemorar 200 años de ser un Estado libre y soberano significa el destacar el por qué Jalisco representa la importancia de esta fecha en todo México, y es que una pieza clave del país y su estabilidad es la productividad económica, en la cual, esta entidad destaca por generar las condiciones adecuadas para que la iniciativa privada invierta y se desarrolle”.

En esto se ha convertido Jalisco, en un territorio, una sociedad, un sistema político que funciona para que la iniciativa privada invierta… es una confesión de parte de la clase política y gobernante de que trabajan para los intereses capitalistas y no para que la sociedad jalisciense tenga una vida digna por sus propios medios de reproducción de vida.

Pero en los hechos, el Gobierno del Estado ha concedido a las empresas extranjeras una especie de derecho de pernada laboral. Las empresas de Estados Unidos exigieron para invertir en la rama de la tecnología, que se deberían negar y suprimir las protestas laborales, negar en la práctica al derecho a la libre sindicalización y más aún, suprimido el derecho a huelga de los trabajadores de estas industrias. Y el Gobierno lo concedió, ¿cuál soberanía, cuál libertad? 

Por eso es pertinente preguntarnos qué tenemos que celebrar en estos 200 años. Por más logros y personajes del deporte o del espectáculo a los que se aferran las autoridades, en los hechos tenemos grandes pasivos sociales, económicos, ambientales y políticos. 

En el ámbito social tenemos desaparecidos, fosas, crisis forense, violencia homicida y violencia machista, desplazados forzados, cambios estratégicos en los modos de vida por vivir en un contexto de guerra informal.

En lo económico, predomina la explotación laboral, la desigualdad con una élite de la población que vive como en Miami y otros como en las favelas, una mayoría que vive en zonas de exclusión encadenada a deudas, alejada de los centro de servicios y condicionada a una vida explotada y extenuada. El dato de Coneval es elocuente: 31.4 de la población de Jalisco vive en pobreza.

Entre los pasivos ambientales tenemos un Estado que presume ser locomotora económica por cuatro dinámicas de acumulación de capital: electrónica, agroindustrial, turística y de servicios, sin reconocer que todas ellas dejan una larga lista de pasivos sociales. Otro modo de ver los agronegocios es que Jalisco “exporta” agua, árboles, y oxígeno al comerciar tequila, aguacates y berries. 

En lugar de festejar 200 años de ser “libres y soberanos”, la fecha debería  servir para reflexionar acerca de todos los cambios que son necesarios tanto en el modelo económico, social y político para erradicar los grandes pasivos que tenemos y cómo hacer para garantizar que la mayoría de la población tenga una vida digna.

rubenmartinmartin@gmail.com

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