Lunes, 19 de Abril 2021

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Iglesias al ataque; la objeción de conciencia

Por: Diego Petersen

Iglesias al ataque; la objeción de conciencia

Iglesias al ataque; la objeción de conciencia

Se llama María Soledad Luévano, es senadora de Morena, es católica, es de Zacatecas y quiere modificar la Constitución para que las iglesias tengan más derechos en México. El presidente dice que no la apoya, otros miembros de Morena se han desmarcado y le han llovido en estos días más críticas que al entrenador de la selección nacional después de una eliminación del mundial. Entonces, ¿a qué están jugando con esta propuesta?

Nadie cree que el líder de Morena en el senado, el también zacatecano Ricardo Monreal, no tenga vela en este entierro y mucho menos que un tema así de delicado no se le informe al presidente. No hay que verlo, pues, como una cosa aislada o una ocurrencia de una senadora fanática. Estas modificaciones a la Constitución y a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público han sido cabildeadas e impulsadas desde hace al menos cinco años por grupos de abogados católicos y evangélicos, tiene antecedentes muy parecidos en Argentina y Brasil y más bien pareciera que se trata literalmente de medirle el agua a los camotes, de ver la reacción de la opinión pública y de la clase política para ver hasta dónde pueden avanzar en los sucesivo.

La iniciativa parte de que las iglesias son una reserva moral del país. Si bien es cierto que una parte muy importante de la atención a grupos vulnerables que no hace el Estado la realizan asociaciones vinculadas a las iglesias, también lo es que son instituciones cerradas, poco transparentes en las que se dan abusos y se esconden todo tipo de delitos. Parte también de que la libertad de creencia no está suficientemente garantizada con las leyes actuales, lo cual es muy discutible, pero una de las cosas que más interesa en esta iniciativa, como lo fue en Argentina, es que se reconozca la llamada “libertad de conciencia” con lo que pretenden moralizar la vida pública del país.

En la propuesta de la senadora, en una de las muchas adiciones que propone al artículo segundo de la Constitución, se reconoce el derecho “a justificar en convicciones éticas y religiosas, la objeción de conciencia. Toda persona tiene derecho a abstenerse de actuar en aquello que contravenga sus convicciones éticas... En aquellos casos donde los objetores de conciencia sean trabajadores del Estado, será el propio Estado quien garantizará el goce pleno de los derechos de terceros”. El problema de este párrafo es que en automático la lógica de la prestación de servicios del Estado deja de ser laica para convertirse en pluri religiosa, que no es lo mismo. La importancia de que el Estado sea laico es que brinde los servicios sin más restricciones que las que impone la ley. Si pasara esta reforma, un medico del IMSS o del ISSSTE podría, por objeciones de conciencia, no prestar servicio tan básico como dotar de la píldora del día siguiente a una mujer que la solicite, no practicar una vasectomía, un legrado o una cirugía de cambio de sexo.

Defender el Estado laico es defender el derecho de todos a creer, a no creer y a vivir en libertad.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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