Jueves, 16 de Septiembre 2021

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Huele a gas

Por: Diego Petersen

Huele a gas

Huele a gas

El gobierno del presidente López Obrador va ahora por los gaseros. Abusan, dice, y lo más probable es que tenga razón, se trata de un mercado oligopólico de un producto que es en su mayoría de importación. El gas que consumimos los mexicanos, porque es el que nos han vendido siempre, es Gas Licuado de Petróleo (LP), está en manos de unas cuantas familias y tiene un sistema de distribución arcaico y costoso, en tambos de 20 kilos o pipas que van de casa en casa surtiendo el producto. Cuando se intentó modernizar el mercado con el tendido de redes de gas natural, que abarata sustancialmente el precio de distribución en zonas urbanas, las propias gaseras se encargaron de generar una opinión pública contraria al gas natural. Gracias a que el Estado mexicano no metió las manos, mantuvieron el control del mercado.

El gobierno lopezobradorista ha decidido hacer la guerra a los gaseros controlando los precios y creando una empresa paraestatal, Gas Bienestar, que, desde ya podemos apostar, dará un precio más barato con un servicio entre malo y pésimo, pero sobre todo que perderá mucho dinero, dinero del erario, dinero que dejará de usarse en otros servicios. Y no es porque se trate del gobierno de Morena, sino porque las empresas paraestatales terminan, todas, generando costos burocráticos crecientes que las sacan de mercado.

El esquema de precios tope anunciado por la Comisión Reguladora de Energía y que vigilará la Procuraduría del Consumidor no va a resolver el problema, por el contrario, terminará provocando un desabasto que la empresa estatal no será capaz de absorber. De hecho, ayer en 9 estados las pipas dejaron de prestar servicio como una forma de protesta y quizá, también, como una forma de medir fuerzas.

A los oligopolios, que sin duda son uno de los grandes males de este país, hay que enfrentarlos a través de la Comisión Nacional de Competencia Económica

A los oligopolios, que sin duda son uno de los grandes males de este país, hay que enfrentarlos a través de la Comisión Nacional de Competencia Económica, combatiendo las prácticas monopólicas, no rompiendo el mercado. Al igual que sucedió con el abasto de medicinas, la forma impulsiva de intervenir por parte del gobierno de López Obrador podría provocar un problema mayor al que intentan resolver. El producto más caro es el que no hay y, como siempre sucede, quienes terminan pagando los platos rotos son los que menos tienen. 

Los más pobres, esos que este gobierno dice proteger, pagan dos impuestos ocultos, que no están en ninguna Ley de Ingresos ni pasan por Hacienda, pero que merman directamente a sus ingresos: la inflación y la ineficiencia gubernamental. Un gobierno que tiene como lema primero los pobres no se puede dar el lujo de improvisar de esa manera. Huele a gas; huele mal.

diego.petersen@informador.com.mx

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