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Martes, 19 de Junio 2018
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Gullit, el original

Por: Raúl Romero

Gullit, el original

Gullit, el original

Carlos Peña, que vuelve a México para jugar para Cruz Azul tras su paso por los Rangers, ha vivido toda su vida bajo el influjo de Ruud Gullit, a quien debe su sobrenombre.

Ruud, nacido en 1962, fue registrado con el apellido de su madre (Dil), pero como profesional decidió usar el de su padre porque le parecía “más de futbolista”.

“Mi padre fue parte de la primera generación que vino de Suriname a Holanda. En la escuela yo era el único jugador de color en mi equipo. Pensaba ‘es fácil notarme, así que tengo que ser bueno porque la gente me va a ver’ ”, recuerda el holandés.

Sin importar el color de la piel, Ruud iba a ser notado de todos modos. Tenía una potencia física inusual, que le permitía jugar como defensa y correr hasta el área rival para anotar como un delantero. A los 20 años se vuelve aún más identificable gracias a los “dreadlocks” que forman una melena leonina imposible de confundir.

“Es que tenía el pelo como un borrego”, dice para explicar por qué eligió su célebre peinado.

Ruud se vuelve profesional en 1979 jugando para el Haarlem y en 1982 llega al Feyenoord, donde comparte vestidor con Johan Cruyff. “Jugamos juntos sólo un año, pero revolucionó mi manera de ver el futbol”, dice Ruud.

En 1987 el holandés arriba al  Milan, de Silvio Berlusconi y Arrigo Sacchi. Se le unirán sus compatriotas Marco van Basten y Frank Rijkaard, su amigo de infancia, para formar uno de los equipos más entusiasmantes de la historia. Gullit tiene potencia, técnica y liderazgo, y hace suya la Serie A. En su primer año como milanista gana el codiciado Balón de Oro, que dedica a Nelson Mandela.

Con Gullit como su símbolo, el Milan de “Los Invencibles” se adjudica tres Ligas italianas, dos Copas de Campeones y dos Copas Intercontinentales.

Los éxitos también llegan a nivel de Selección. En 1988 Ruud es el capitán de la Naranja Mecánica que gana la Eurocopa venciendo a Rusia en la Final, uno de los más grandes logros del futbol holandés hasta hoy.

El Milan es un equipo adelantado a su tiempo, y uno de los primeros en tener nutriólogos y psicólogos, pero Ruud no renuncia a ciertos placeres. Cuando Silvio Berlusconi les pide a sus jugadores un mes de abstinencia sexual para asegurar el campeonato italiano, Gullit deja claro con términos pintorescos que no puede jugar prescindiendo de la compañía femenina.

Luego de su paso por el Milan, Gullit pasa a la Sampdoria y luego al Chelsea, donde será uno de los primeros exponentes de la “revolución de extranjeros” de la Premier League.

En un momento en que el campeonato italiano era el mejor del planeta, las proezas de Gullit emocionaron al mundo. Uno de los más impresionados fue Marcelino Peña, un trabajador bancario de Tamaulipas que comenzó a llamar “Gullit” a Carlos, su hijo más pequeño.

“¿Me comunica con ‘Gullit’, por favor?”, pide cuando llama a la casa club de Pachuca para hablar con su hijo, que obtendrá fama con ese sobrenombre.

Siempre original, cuando Ruud Gullit se retira no escribe una autobiografía celebratoria, sino un compendio de su manera de ver el futbol, en el que explica temas que van desde sistemas de juego hasta la manera de tratar con los árbitros.

Uno de los principales consejos de Ruud para apreciar el futbol es dejar de ver la pelota, porque para entender lo que pasa en la cancha “hay que ver dónde llega el centro y sobre todo a quién le llega y a quién miraba el que lo puso. La pelota es como la estela que deja el avión en el cielo, pero el avión en tanto se sigue moviendo”. Una metáfora más que apropiada viniendo de un jugador potente y al mismo tiempo celestial, como una aeronave

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