Domingo, 27 de Septiembre 2020
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Guadalajara y la maldición de su Tren Ligero

Por: Rubén Martín

Guadalajara y la maldición de su Tren Ligero

Guadalajara y la maldición de su Tren Ligero

A los tapatíos no nos ha ido nada bien con la construcción del sistema de transporte público masivo. Parece que pesara una maldición de pagar por un sistema que ha tardado mucho y que en construcción pagamos retrasos, sobrecostos, favoritismo y presuntos actos de corrupción.

Hace 30 años, en 1989 se inauguró la Línea 1 del Tren Ligero de Guadalajara después de haber modificado el túnel de ese trazo debido a que primero se diseñó para la circulación de trolebuses. Entre la Línea 1 y el inicio de la construcción de la Línea 2 apenas pasaron dos años. las obras para la Línea 2 duraron tres años. Se asignaron contratos en 1991 y las obras se inauguraron en 1994.

Pero pagamos (y seguimos pagando) un alto precio por esa obra. Al firmarse los contratos se presupuestaron 291 millones de dólares y al final pagamos 505 millones de dólares, 214 millones más de lo presupuestado con un sobreprecio de 73 por ciento.

No sólo hubo sobreprecio. El entonces gobernador Guillermo Cosío Vidaurri entregó el contrato de la obra civil a constructora Tláloc, del empresario José Manuel Vázquez Arroyo, de manera directa, sin licitación bajo el argumento de que si lo licitaba el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari no alcanzaría a inaugurar esta obra. Vázquez Arroyo era un empresario cercano al gobernador.

Hubo indicios y sospechas, no probadas en su momento, de que el contrato de equipo eléctrico fue entregado a la Siemens AG a cambio de un soborno. Además, la Línea 2 fue entregada por los constructores con distintas fallas técnicas (Alexandra Xanic y Rubén Martín, Siglo 21, 27, 28 y 29 noviembre 1996).

Con la Línea 3 parece que las anomalías y posibles irregularidades se han multiplicado. Esta obra de 21.5 kilómetros y 18 estaciones ha tenido retraso de más de dos años para su puesta en operación. Además, su precio ha aumentado 92 por ciento. Al arranque de las obras en agosto de 2014, se dijo que se pagarían 17 mil 692 millones de pesos y a la fecha se han erogado 33 mil 953 millones de pesos.

En una investigación que realizamos junto con varios colegas (“L3: el tren de los favoritos de Peña Nieto”), encontramos que existieron varias irregularidades en la entrega de contratos, los cuales fueron observados por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), que señaló que hubo “evaluaciones deficientes y poco claras” en los procesos de licitaciones. Por ejemplo, en dos licitaciones (Túnel y Viaducto 2) se entregaron a la ganadora con una diferencia de apenas medio punto cuando. De acuerdo con la ASF, a la empresa que quedó en segundo lugar debieron asignarle más puntos.

El resultado es que los contratos principales de la Línea 3 fueron asignados a empresas que tienen cercanía o relaciones de cercanía con el ex presidente Enrique Peña Nieto. Destacan Grupo Prodi, que encabeza José Miguel Bejos, un empresario mexiquense señalado por una relación de amistad con Peña Nieto, con quien suele compartir su afición por el golf; este mismo empresario está en la directiva de la portuguesa Mota-Engil con contratos de Viaducto 1 y Túnel. Otra empresa favorecida es OHL España, cuya filial Constructora de Proyectos Viales de México (CPVM) se llevó los contratos para construir Viaducto 2 y el contrato por el material rodante en conjunto con la francesa Alstom.

Las autoridades deberían indagar si estas relaciones de cercanía inclinaron la balanza para que estas empresas ganaran los principales contratos de una obra a sobrecosto que sigue sin funcionar.

Finalmente, los tapatíos deberíamos quitarnos la maldición de construir nuestro sistema de tren ligero con sobrecostos e irregularidades. No es una maldición divina, sino la maldición de gobiernos que entregan a sus favoritas las grandes obras que les dejan grandes beneficios. 

rubenmartinmartin@gmail.com

@rmartinmar

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