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Jueves, 19 de Julio 2018

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Gobernar para los poderosos

Por: Rubén Martín

Gobernar para los poderosos

Gobernar para los poderosos

La democracia liberal representativa vive una crisis prácticamente universal. Todos los estudios de opinión y de cultura política serios reflejan el rechazo al sistema político dominante en la mayor parte del mundo.

Esa crisis se manifiesta, especialmente, con un rechazo a los sujetos y procedimientos más comunes a la democracia liberal. Los sujetos: los gobiernos en turno, la clase política profesional, la partidocracia y sus dirigentes. Los procedimientos: la preponderancia de grupos de interés y la toma de decisiones antidemocráticas dentro de los partidos; el acto de votar, las formas de gobernar verticales, entre otras.

Una de las razones que más alimentan el rechazo y repudio al sistema político liberal es que el sustrato de su justificación, decir que es un sistema democrático donde se respeta a las mayorías y minorías, se muestra cada vez más falso e incongruente.

Porciones significativas de las sociedades occidentales se dan cuenta de que los gobiernos electos mediante mecanismos supuestamente democráticos (el voto popular periódico) no gobiernan en realidad para las mayorías, sino para un puñado de poderosos.

Esta percepción ha sido medida durante varios años por el consorcio de estudios de opinión Latinobarómetro (con sede en Chile). Los resultados obtenidos en este año son más que elocuentes. Se hizo la siguiente pregunta a casi 20 mil entrevistados de 18 países de América Latina: “¿Diría Ud. que (su país) está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio, o que está gobernado para el bien de todo el pueblo?”

Esta fue la respuesta: tres de cada cuatro encuestados en América Latina cree que sus representantes gobiernan para “grupos poderosos en su propio beneficio”. La situación es aún peor en Costa Rica, Perú, Chile, Panamá, El Salvador, Colombia, República Dominicana, Paraguay, México y Brasil, donde más de 75 por ciento de la población cree que su gobierno trabaja para los poderosos.

En Brasil 97 por ciento de la población estuvo de acuerdo con la sentencia de que sus gobiernos, gobiernan para “grupos poderosos en su propio beneficio”, en tanto que en México, 90 por ciento está de acuerdo con esta afirmación.

Me detengo en México y no extraña que nueve de cada diez personas creamos que los gobernantes de este país gobiernan para los intereses de los poderosos. Si bien las legislaciones y las políticas públicas en un sistema capitalista, como el que tenemos, siempre están encaminadas a favorecer las distintas dinámicas de acumulación de capital, todo indica que las reformas a favor de políticas radicales de libre comercio que tenemos desde hace 30 años han intensificado la sujeción de leyes y gobiernos a favor de los intereses de los poderosos, ya sean los dueños del dinero, los que tienen poder de facto o quienes controlan las redes de acumulación ilegal.

Por más que el sistema liberal invierta en propaganda para tratar de seguir convenciendo de que se vivimos una sociedad democrática, la convicción de que se gobierna para los poderosos se convierte en un fuego que alimenta el repudio al sistema liberal. En definitiva, es un sistema político moribundo. Falta definir cómo lo vamos a sustituir.

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