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Domingo, 18 de Agosto 2019
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Finísimas personas

Por: Diego Petersen

Finísimas personas

Finísimas personas

“Periodistas, escritores, integrantes de la llamada sociedad civil, finísimas personas que, sin pruebas, sin elementos, se lanzan en contra de nosotros”. El presidente estaba enojado, no sin razón, pues si algo le molesta es que le digan ya no que es igual, sino que en algo se parece a los otros, a los de la mafia del poder. El asunto eran las compras de chorizos y longanizas para la alimentación del presidente. El listado era tan absurdo en precios y referencias que resultaba fácil dudar de la veracidad. En eso tiene razón el presidente: no pocos se lanzaron al agua sin hacer las mínimas preguntas sobre el documento, sin checar si la información, más allá de absurda, era cierta.

El problema es que la información viene de una fuente oficial, fue elaborada y subida a la red por alguno de los colaboradores del presidente, finísimas personas más preocupadas por lo que consideran una venganza histórica que por el ejercicio de gobierno. Los verdaderos obstáculos al gobierno de López Obrador no son los periodistas, ni los escritores, ni los organismos de sociedad civil, sino la incapacidad de muchos de sus colaboradores.

Lo verdaderamente preocupante es que el presidente no vea el problema interno.

Que la oposición critique nunca será noticia. Que los periodistas señalen los errores del poder es parte fundamental de su misión. Que los escritores no se plieguen al poder es lo deseable. Que los organismos de la sociedad civil busquen convertirse en contrapeso del poder presidencial es lo más sano para nuestra democracia.  En todo caso, lo que sorprende es que el presidente, que durante años vivió en y de la oposición, se haga el sorprendido por las críticas y recale contra el mensajero; en eso, aunque no le guste que se lo digan, es idéntico a sus antecesores.

Lo verdaderamente preocupante es que el presidente no vea el problema interno. Si el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro no alcanzó las metas, fue por un problema de diseño. Si Dos Bocas está en boca de todos, es porque alguien engañó al presidente diciéndole que se podía construir una refinería en tres años y a un costo, a todas luces, insuficiente. Si hay un problema de subejercicio, es por la incapacidad de los funcionarios para ejercer el gasto. Si hay campesinos protestando en la Ciudad de México, es porque los programas no bajaron a tiempo. Si la Guardia Nacional no aparece, es porque administrativamente es un desastre.

La popularidad del presidente sigue a tope. López Obrador tiene suficiente capital político para seguir haciendo esgrima verbal con quien quiera y lanzando acusaciones a diestra y siniestra (literal, hoy hasta a los activistas de izquierda les llama conservadores disfrazados con absoluta impunidad). Lo que ya no tiene es tiempo para que se note un cambio más allá del discurso, para que el gobierno funcione y para que las finísimas personas que cobran en el gobierno (menos que los anteriores, es cierto, pero de todos modos cuestan y viven de nuestro dinero) comiencen a dar resultados.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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