Martes, 06 de Diciembre 2022

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Esto se puede salir de control

Por: Daniel Rodríguez

Esto se puede salir de control

Esto se puede salir de control

En lo que va de la administración de Andres Manuel López Obrador, hasta el primer semestre de este año -junio- oficialmente se han contabilizado 27 agresiones de la población civil -no enfrentamientos- en contra del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional. Esa estadística es diferente a los combates del ejército que ha sostenido en contra de la delincuencia en sus labores de seguridad pública, donde solamente en los tres primeros meses de este año hubo 154 choques, con un saldo de 87 civiles fallecidos y 206 heridos y detenidos, de acuerdo con índice de Letalidad de las Fuerzas Armadas y Guardia Nacional al 1 de mayo de este año (Informador, 12 de mayo).

Las agresiones de civiles han sido de diferentes formas; con piedras, palos, resorteras, rompiendo cristales de los vehículos militares, a empujones, con secuestros, tomandolos como rehenes, llegando en algunos casos al extremo de amarrarlos y hasta pintándoles la cara, solo por mencionar algunos ejemplos.

Los más recientes en este 2022, es como lo que sucedió el 30 de enero en el municipio de Aguililla, Michoacán, donde supuestamente por órdenes del Cártel Jalisco Nueva Generación, fueron agredidos con piedras y palos. El 15 de mayo, en Nueva Italia, también en territorio michoacano, en la zona de Tierra Caliente, un convoy de militares fueron perseguidos y expulsados de la región. El 17 de junio en Puebla, un grupo de civiles encapuchados impidieron el paso de militares, cuando estos en los videos se escucha que solamente dicen, “Jefe, solo vamos de paso”. En este incidente golpearon la camioneta e intentaron romper uno de los cristales del vehículo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Y la más reciente y notoria de todas, el viernes pasado cuando encapuchados -supuestos normalistas de Ayotzinapa- con piedras, palos, petardos y cohetones agredieron el Campo Militar 1 en la Ciudad de México, dejando un saldo de 39 elementos de las fuerzas armadas con lesiones de diferente índole, además de destrozos y pintas en la entrada principal y enrejado de la instalación militar.

Creo que la diferencia entre enfrentamiento con delincuentes y agresiones por parte de la población civil está muy clara. Pero lo sucedido el viernes, por las características como se planeó y ejecutó, fue un ataque con toda la intención de lastimar -como lo demuestran los lesionados-, y no solo de amedrentar o llamar la atención a sus reclamos.

En el Capítulo I del Manual del Uso de la Fuerza, de Aplicación Común a las Tres Fuerzas Armadas, se habla del “concepto de la expresión Uso de Fuerza. Es la utilización de técnicas, tácticas, métodos y argumentos para controlar, repeler o neutralizar”, y en su Sección A establece que “En términos de los previsto en el artículo 15 fracción IV, del Código Penal Federal 1, se entenderá por legítima defensa repeler una agresión real, actual inminente, y sin derecho, en protección de la vida, bienes jurídicos, propios o ajenos...”. Mientras que en la Sección B agrega que los “requisitos para que se constituya una legítima defensa”, se tiene que tomar en consideración “el movimiento corporal del atacante que amenaza lesionar o lesiona intereses jurídicamente protegidos y que hace necesaria la objetividad de la violencia por parte de quien la rechaza”.

Ojo, no estamos promoviendo o exhortando a que se repele la agresión en las mismas dimensiones o condiciones. Solo se están estableciendo los antecedentes y sus elementos y lo que la ley permite a los militares cuando se encuentran ante una “agresión real” o “en protección de su vida”.

Lo del viernes pasado pudo haber tenido diferentes orígenes. Hay quienes dicen que fue la extralimitación en un legítimo reclamo; hay quienes opinan que fue planeado y deliberadamente ejecutado por los manifestantes; otros argumentan que no eran normalistas, sino activistas provocadores; otros hacen referencia a que fue el mismo gobierno para sacar provecho de sus proyectos de transformación, así como hay quienes concluyen que todo es producto del nivel de ‘descomposición’ que ha llegado nuestra sociedad, ante un mal gobierno o divisionismo provocado desde Palacio Nacional.

Cualesquiera que sea el motivo, las agresiones que se vienen presentando alrededor de las fuerzas armadas es un asunto muy delicado, no solo por ‘desfigurar’ la imagen que hay de nuestros militares, sino por las consecuencias que se pudieran provocar si esto ‘se sale de control’.

¿Usted, qué opina?

Daniel Rodríguez
daniel.rodriguez@dbhub.net

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