Martes, 20 de Abril 2021

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Esto no es Berlín

Por: Geardo Salcedo Romero

Esto no es Berlín

Esto no es Berlín

México, o mejor Ciudad Satélite 1986, dos adolescentes de 17 años Carlos (Xabiani Ponce de León) y su amigo Gera (José Antonio Toledano) van a la prepa, donde asisten resignados a los rituales de la masculinidad adolescente; sus días ocurren entre partidos de fútbol, broncas con los del colegio rival y absurdas clases que les interesan poco. La hermana de Gera es vocalista de uno de los emergentes grupos de rock que surgen en esos años, su presencia les permite ingresar a un mundo que, por su edad, es territorio vedado: los bares donde el áspero sonido del rock está confinado.

Fascinados por la singularidad de la vivencia, se sumergen en una escena que busca romper la marginalidad en la se encuentra eso que llamábamos cultura juvenil. Carlos y Gera son protagonistas de una aventura existencial marcada por una sexualidad no convencional, un impulso vital para dejarse arrastrar ante los retos de esa emergencia estética-artística y el consumo de drogas. Enfrentan diferentes obstáculos, en un primer momento son los padres quienes observan la transformación de sus hijos en criaturas de la noche, su incomprensión se expresa en el deseo autoritario; en una zona más amplia su experiencia erótica coincide con la crisis que desata eso que se adjetivó como la epidemia del siglo: el SIDA.

“Esto no es Berlín” es el cuarto largometraje de Hari Sama, es su relato más personal, las experiencias de Carlos y Gera son su propio proceso personal; la mirada del cineasta está determinada por varios sentimientos, el más notable es la nostalgia que concentra en unas pocas semanas lo que seguramente fue algo que vive durante un par de años, otro hilo conductor es el cariño que tiene hacia sus personajes y los espacios en los que tratan de provocar la distopía mexicana que pretendía la transformación de la realidad y de las mentalidades, casi provincianas, a través de un arte agresivo y transgresor, reflejo de la sexualidad que podía ser a su vez una ruptura y una sentencia de muerte.

Para quienes vivimos esos años, en el lado sur de la ciudad, identificamos en “Esto no es Berlín” varias de sus claves generacionales, destaco la emergencia de los espacios alternativos donde se toca rock, podemos no sentir tanta nostalgia por esa época, pero entonces ya estaríamos ante otro relato. Lo que yo recuerdo es que la pandemia agudiza la homofobia y la intolerancia religiosa y política. Un tiempo oscuro.

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