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Jueves, 18 de Octubre 2018

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En la Semana Mayor

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

En la Semana Mayor

En la Semana Mayor

¡El tiempo se ha ido, y el tercer mes de este 2018 está llegando a su fin! Por ello, debemos de señalar, que en este año, nuestra Semana Mayor o Semana Santa el acomodo del calendario lunar nos indicó que fueran los últimos días de marzo en los que viviremos esta importantísima solemnidad, que inicia el Domingo de Ramos, y concluirá con el Domingo de Resurrección.

Fechas trascendentales para nosotros los católicos y que marcan el inicio o despegue del calendario taurino en las dos plazas más importante del mundo taurino: Las Ventas de Madrid, y La Real Maestranza de Caballería, en Sevilla. Y fue así, que el domingo anterior Madrid vivió la apertura de su calendario con el festejo de Resurrección, en el que estuvieron Manuel Jesús “El Cid”, Pepe Moral y Saúl Jiménez Fortes, quienes lidiaron un encierro de Victorino Martín. Con ello darán paso a los festejos novilleriles, de ahí a las corridas de La Comunidad, hasta llegar al día 8 de mayo, fecha en la que “arrancará” la feria más larga e importante para todos los aficionados al TORO en el mundo: San Isidro.

Y en cuatro días, fecha del Domingo de Gloria o Pascua, los sevillanos acudirán pletóricos de alegría al festejo más emblemático en Andalucía —¡qué buen cartel!— Antonio Ferrara, José María Manzanares y el joven peruano Andrés Roca Rey, los toros serán de la dehesa de Victoriano del Río, y seguramente todos los aficionados a la Fiesta del TORO —y ¿por qué no? también los adeptos a la fiesta de los toreros, ¡qué de esos abundan!— estaremos prestos y con grande atención para ver el desarrollo de este magno festejo.

De todos es conocido que nuestro emblemático y solemne Espectáculo Taurino, desde sus inicios ha llevado un estrecho vínculo de sus protagonistas con nuestra religión. Acordémonos que los primeros caballeros que enfrentaron a los TOROS bravos, lo hacían como una preparación para lograr destreza y habilidad en el manejo de sus armas, para después salir a enfrentar en combate a los paganos invasores de Tierra Santa, llevando en sus vestimentas y estandartes imágenes religiosas.

Cuando la fiesta va evolucionando a través de los siglos, y los mozos o ayudas de los caballeros se convierten en los protagonistas principales del “nuevo espectáculo”, el fervor religioso se acrecienta, formándose un enlace muy sólido e indisoluble en la vida y costumbre de los toreros. Y como muestra más que evidente son las “Capillas Privadas” que cada uno de los toreros lleva como una parte imprescindible en sus maletas de viaje, y que cada tarde en la que actúan, disponen en su cuarto de hotel colocándola con grande devoción. Y en ella están las imágenes de Nuestro Señor, La Virgen y los Santos de su devoción, a los cuales, en un momento íntimo y de paz, imploran su ayuda y protección para así dirigirse con más confianza a las plazas de toros.

De igual forma vemos las medallas que con absoluto respeto llevan en sus cuellos o prendidas en el corbatín, y encontramos además estampas religiosas en el interior de las monteras de algunos toreros. Y lo más visible y atrayente, son los elegantes capotes de paseo en los cuales se contemplan magnificas y prodigiosas obras de arte realizadas por artífices del bordado, que plasman con grande lujo de detalles imágenes que representan a Nuestro Señor, y de igual forma, a la Virgen en sus diferentes advocaciones.

Iniciará la fiesta en Sevilla, y asistir a su Real Maestranza reviste un significado muy especial, los aficionados lo saben y viven en ella con grande protocolo cada uno de los festejos. E igualmente los ganaderos que tienen el privilegio de ver lidiar sus toros en ella, cuidan con especial esmero las reses que ahí han de lidiar, porque todos los que gozan de este privilegio, siempre han tenido presente qué el atractivo verdadero y primordial de éste magno Espectáculo; es y siempre será, su Majestad el Toro Bravo.

Recuérdalo bien y continuamente, nunca, jamás, por nada lo olvides: ¡sin él —su Majestad el Toro Bravo— todo carece de verdad, sin él!

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