Lunes, 20 de Septiembre 2021

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El retiro

Por: Argelia García F.

El retiro

El retiro

El viernes pasado la Primera bailarina estrella de la Ópera de Paris Eleonora Abbagnato dio su última caravana al haber cumplido su tiempo dentro de la danza y de la compañía del mismo nombre. La siciliana es la primera bailarina italiana en llegar a tal nivel (habiendo sido nombrada el marzo 2013) en una compañía francesa culminando así su carrera al haber bailado en su última función nada más y nada menos que un homenaje al coreógrafo Roland Pétit.

A los 43 años, Eleonora colgó las puntas e hizo emotivamente de su última función, la primera. Los bailarines por hacer del cuerpo su instrumento, se retiran a la edad en la que la mayoría de los artistas -incluidos ellos- llegan a una madurez intelectual, emocional y artística. La pena más grande es que cuando el instrumento se desgasta no hay vuelta atrás y llega el tan temido retiro del escenario.

El Ballet Ópera de Paris durante la pandemia estuvo trabajando de manera activa al principio desde sus casas, teniendo un apoyo absoluto de parte del equipo técnico proveyendo herramientas que hicieran de su condición de encierro una experiencia un tanto más llevadera y fructífera. Como en otras compañías profesionales del mundo, fueron provistos de barras y pequeños rectángulos de pisos en los que pudieran brincar y moverse de manera más cómoda dentro de sus departamentos, casas de campo y demás sitios donde pasaron la crisis que aquejó el mundo de las artes por parejo.

El retiro de bailarines y artistas como Abbagnato es un privilegio en muchos sentidos. Un bailarín es por muchos años un servidor, un comunicador, un obrero, un deportista de alto rendimiento y un duque pero sobre todo es un ente que lega un trabajo exquisito al público que se deja seducir, provocar y deleitar con su trabajo. Un artista que se retira por cualquier otro factor relacionado a la mala gestión cultural de su país, convierte generalmente a este, en un ser humano trunco, en un hombre que no puede realizarse como ha deseado y debido y que tiene que buscar alternativas para sobrevivir.

Ser bailarín en México pero sobre todo en Guadalajara es una lucha tanto espiritual como práctica del espíritu de este deber ser. Es una pena que no se haya profesionalizado la danza al nivel de que siendo un bailarín se pueda acceder a condiciones óptimas de trabajo y mucho menos de retiro.

Ver a un bailarín retirarse es conmovedor. Ver a un bailarín no poder ejercer de manera profesional su vocación, es desolador. En manos de quién estaremos para encontrar en cada esquina una carrera artística trunca, basta ver.

PD. Se rumoraba por ahí que pasando la elección se nombraría -por fin- al líder del proyecto cultural del Estado. Al Sol de hoy, ni proyecto, ni líder. Ahí llévensela…

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