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Miércoles, 19 de Septiembre 2018

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El regreso del "masiosare"

Por: Armando González Escoto

El regreso del

El regreso del "masiosare"

Don Francisco González Bocanegra, autor de la letra del Himno Nacional Mexicano, jamás imaginó que una de sus estrofas daría origen a lo que podría llamarse el síndrome del “masiosare”. La estrofa en cuestión afirma que los mexicanos son soldados siempre dispuestos a defender a la patria en caso de que “mas si osare un extraño enemigo” profanarnos el territorio.

Se entiende que esta letra se escribió allá por el año de 1854, cuando en efecto México había ya sufrido invasiones e injerencias extranjeras de todo tipo y origen. Las seguiría sufriendo en los años posteriores dando fundamento y razón a la estrofa guerrera, pero con el paso del tiempo esta alerta o precaución se hizo selectiva, es decir, no todo extraño enemigo nos convertiría en soldados, sino solamente aquel señalado por el sistema político vigente o por las oligarquías beneficiarias del mismo.

Para la mayoría de los gobiernos mexicanos la injerencia permanente, abierta o velada, con o sin acuerdos, tratados o pactos de Estados Unidos en la vida y el destino de México no ha formado parte del “extraño enemigo”, sino del amigable vecino del cual se espera reconocimiento diplomático, apoyo económico en préstamos interminables, y armas a granel cuando ha hecho falta.

En cambio cualquier vínculo, relación o acuerdo con países europeos, o lo que luego será lo peor de lo peor, con la Unión Soviética o sus satélites, será visto ni más ni menos con el mayor y el más temible de los extraños enemigos posibles. Por eso en cuanto Estados Unidos recuperó la calma, luego de la guerra de secesión, lo primero que hizo fue luchar con todos sus recursos para espantar de su frontera la amenaza de un imperio mexicano patrocinado por Francia y el imperio Austrohúngaro.

Vinieron después las ofertas alemanas durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, y el espectro siempre vivo y expansivo del comunismo, que ya apoderado de Cuba podría en cualquier descuido saltar el caribe y “hollar” con sus plantas nuestro suelo. Pero lo mismo ante Alemania que ante la Unión Soviética, el gobierno mexicano supo mantener incólume su permanente, perpetúa, profunda y total lealtad y sometimiento a los intereses del amigable vecino del norte. Habría que recordar toda la parafernalia que para ahuyentar las garras del comunismo se puso en operación desde México pero sobre todo desde Estados Unidos.

Por eso nuestro “masiosare” es selectivo y digno de toda desconfianza, pues siempre está pronto a denunciar las injerencias extranjeras, no porque amenacen nuestros intereses como país, sino porque amenazan los intereses norteamericanos. Bajo ese tenor habría hoy que analizar las voces que hablan de la injerencia rusa en el proceso electoral mexicano, pero callan, como de costumbre, las injerencias norteamericanas.

Diríamos que en último análisis, países y potencias mundiales pueden y lo hacen, interesarse en la vida política de otros vecinos, y hasta tratar de sobornar sus procesos electorales en vías a la obtención de beneficios, pero estos “extraños enemigos” son mansas ovejas comparados con los enemigos internos que se dejan comprar lo mismo por una potencia que por otra.

YR

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